«Un balance necesario», por la árbitro Yasmina Alcaraz

«En estos días tan raros de coronavirus, me preguntan cómo es aquello de arbitrar sin público. Mi respuesta suele sorprender: prefiero que lo haya. Es mi segunda campaña y estoy motivada, pero, pese a tener un punto menos de presión en la toma de decisiones, ese ambiente que dan los aficionados genera una atmósfera muy positiva para el deporte y nuestra propia concentración. A jugadores, técnicos y colegiados, el ruido y el ambiente nos hacen estar mucho más enchufados.

Ni temeridad ni masoquismo. A través de mi pareja, entrenador, pude vivir de cerca el fútbol y, cuando que escucho las barbaridades de insultos o amenazas, siento que estoy muy bien en una pista de básquet. Puro legado familiar, herencia de padre y hermana, que me hacen sentir muy comprendida. Aprendí el oficio en casa, con naturalidad y hoy él ya hasta se anima a verme para ayudarme y aconsejarme. Me viene de perlas.

Muchos no conocen mi otra faceta. Estudié danza desde los dos años hasta los 18. En clásico, superé los cuatro primeros exámenes de la Royal Academy, aunque también he bailado moderno y contemporáneo. ¡Todo mientras jugaba! Mi técnico de básquet no podía comprenderlo y tampoco le entraba en la cabeza a mi profesora de baile. ¿Cómo podía pasar de las puntas y el maillot a ser tan guerrera en la pista? Me gustaba jugar y competir, por ese gusanillo de la competición.

Llegué a alternarlo todo. Sin embargo, las lesiones de tobillo no eran compatibles con una cosa u otra, decidiéndome definitivamente por el arbitraje cuando me fui a vivir a Barcelona para estudiar Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Me ayudaba económicamente y la apuesta salió perfecta. Ocurrió muy rápido: en 2014 arbitraba en EBA, en 2017 en Liga Femenina y, a partir de 2018, llegaron finales de Copa de la Reina y hasta la licencia FIBA. Cuando pasa no eres consciente, pero en el momento en el que ascendí a la acb, miré hacia atrás y daba susto.

De pasión a profesión. El paso del tiempo dará mejor perspectiva, si bien, con quince meses, es necesario hacer balance y saber dónde estoy. A veces me cuesta incluirme como colegiada de Liga Endesa o internacional, sintiéndome rookie, quizá porque el curso pasado fue extraño e incompleto. Poco a poco lo acepto, segura de cruzar un punto de inflexión: a partir de aquí la cosa frena e irá más despacio.

Es un orgullo ser la primera persona nacida en Girona en llegar a arbitrar en acb y un honor representarla. Intento colaborar lo que puedo con la territorial, anhelando devolver todo lo que me han dado. Del mismo modo, noto que, junto a otras mujeres, estamos abriendo puertas a otras chicas que pueden verse reflejadas para seguir hacia adelante. Más guía que espejo, deseando generarles expectativas y potenciar su motivación a través de una proyección más larga. Vengo de un mundo rodeada de hombres y siempre me sentí cómoda, más juzgada por mi profesión que por mi sexo. No obstante, hay que seguir trabajando con tal de dar normalidad, reeducar la sociedad y generar un cambio desde dentro. Es un proceso lento.

Sea chico o sea chica, se debe dar oportunidad al que se lo merezca y pueda asumir el nivel, sin que pase una colegiada por delante teniendo peores cualidades para el puesto. Si hacemos eso, estaríamos devaluando el papel de la mujer. No me cansa hablar del tema, no nos lo podemos permitir: somos nosotras las que tenemos que hacerlo visible, normalizar nuestra posición y dar ejemplo con la lucha y el cambio que queremos en esta sociedad. Me da igual responder mil veces la misma pregunta en cada entrevista si eso sirve para que una niña lo lea, reflexione sobre ello o se motive. Sería un objetivo cumplido.

Más allá del baloncesto, busco siempre intimidad y tranquilidad. Vivo en un pueblo de 700 habitantes, me encanta ver y hacer deporte con mi chico e, igualmente, salir a correr con mi perro. Lo de profesora de educación física lo dejé en stand by, si bien ahora lo suplo merced al entrenamiento personal, trabajando más a domicilio a causa del coronavirus. Lo que tengo me hace muy feliz y no suelo pedir mucho más. Desde fuera es complicado entender nuestras alegrías. Ir con el único incentivo de que las cosas salgan bien es una sensación que solo conoces si has arbitrado. El éxito está en mantener la motivación y la actitud para seguir, algo que veo en mi padre, que sigue disfrutando en las pistas.

En este mundillo del arbitraje, nuestros títulos pueden ser ir a la Copa, entrar en un Playoff, arbitrar una final o, simplemente, entrar en las designaciones de la jornada. Todo es un paso más, aunque prefiero que me recuerden en un futuro por compañerismo o por buena persona. Soy emocional y sensible y en casa me enseñaron tener los pies en el suelo, sin olvidar de donde vengo y respetando el trabajo y el esfuerzo por lo que hago y la educación y humildad con los que comparto este sueño. Es lema de vida. Muy bonito, sí, pero ojalá siga llevándolo a la práctica para que sean otras personas las que lo digan. Significaría que ellos también lo ven.

Yasmina Alcaraz

Colegiada Liga Endesa

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