«¡Basta ya de normalizar comportamientos que no son apropiados!», dice Graciela Díaz

La jugadora tinerfeña Graciela Díaz, quien la pasada campaña vistió la camiseta del CB Adareva, logrando el retorno a la Liga Femenina-2 y actualmente haciendo la pretemporada con el equipo holandés Jolly Jumpers, ha enviado una carta abierta en exclusiva a la web “Columna Cero”, relatando su experiencia en el CDB Clarinos de La Laguna.

Grace junto a Claudio durante un partido en el Ríos Tejera. Detrás, a la derecha, el ya exdirectivo Roberto Marrero (Foto de Javier Fernández, de Basket Insular)

Grace Kelly Díaz dice lo siguiente en el escrito que reproducimos:

«Todos saben quién es Claudio García. Todos saben que lo que hace no está bien, pero bajan la cabeza y justifican su comportamiento: “Claudio es así, ya sabes cómo es, no va a cambiar, mejor que no le hagas caso, pasa de él, mejor que no le lleves la contraria, si la coge contigo te castiga sin jugar, etc.”.

¡BASTA YA DE NORMALIZAR COMPORTAMIENTOS QUE NO SON APROPIADOS!

Y claro que hay jugadoras que han tenido buenas experiencias con él, pero esas mismas jugadoras son las que han sido testigo del comportamiento inapropiado que ha tenido siempre. Yo vi como sí lo hizo con mis compañeras, pero claro seguimos callando y maquillando algo que está visible a los ojos de todos: CLAUDIO NO ESTÁ CAPACITADO PARA SER ENTRENADOR DE BALONCESTO FEMENINO.

 Y no por falta de conocimientos en términos de baloncesto, sino por el tema personal. No está preparado. No sabe lo que es tratar con respeto a una jugadora, no sabe identificar qué tipo de trato necesita desarrollar para sacar lo mejor de ti. OJO, eso no quiere decir que no quiera lo mejor para su equipo, que no sea una persona que ame el baloncesto, que no quiera competir o que en niveles tácticos no esté a la altura, no me malinterpreten.

Claudio es un entrenador competitivo, siempre quiere y trabaja para ganar, le importa su equipo porque lo he visto con mis propios ojos. Y también tiene sus días buenos. Pero le queda demasiado grande el puesto de entrenador femenino.

Lo que escribió Sara Djassi no es un ataque, es un acto de valentía. Para nadie es fácil alzar la voz y decir lo que siente, no es fácil admitir que en algún punto de su vida ha querido dejar de estar en ella, que ha perdido la fe y la confianza en ella. Porque admitir que no estás bien duele. No porque no hayas hecho todo lo que tenías en tus manos para conseguir tus objetivos, mejorar y ser al menos feliz con lo que haces: es porque algo no está bajo tu control, te mata por dentro lentamente la ilusión y el propósito de la mayor parte de tu vida, es decir, el baloncesto.

Todos sabemos lo que pasó el día que me tiró del pelo en medio del entrenamiento y lo enfrenté, el día que le prohibió a la americana venir a defenderme cuando no solo me tiró del pelo sino me hizo creer que no era para tanto. Todos saben que ese año las que se fueron no lo hicieron por “motivos personales”.

Claudio me hizo creer que no era lo suficientemente buena ni importante, me creó inseguridades como jugadora y como mujer. No sólo me humilló a mí, sino a mi trabajo y esfuerzo delante de todas mis compañeras y el cuerpo técnico.

En parte, me creó inseguridades. Siempre se metía con mi físico y me decía que tenía ese culo tan grande tenía que usarse para algo más que follar, como empotrar a la defensa debajo de la zona. «Chúpame los huevos» era la frase estrella.

Tenía la costumbre de hacer la “broma” de pasarse la mano por la lengua y golpearte la frente. Pero lo que para él era una broma, para mí era una falta de respeto. Cuando nos tocaba viajar, yo me pasaba la noche anterior sin dormir para estar lo suficientemente cansada para quedarme dormida en el avión y que no me molestara.

Se metía en mi vida personal sin haberle dado información alguna de la misma para picarme en los entrenamientos. Era una continua falta de respeto, contaba cosas de una a otra para que crear grupos: las que se llevaban bien con Claudio y las que no le reían las gracias. Yo era de la del segundo grupo. Aunque sinceramente me costó muy caro.

En las entrevistas siempre decía que apostaba por la cantera. Sin embargo, me dio oportunidades de juego cuando no le quedaba otra alternativa, cuando necesitaba que le sacara las castañas del fuego. Pero nunca me importó porque siempre he salido a dar la cara por el equipo sin importar cuánto tiempo tenga en la cancha. Y cuando mejor estaba, jugando, decidió fichar a una jugadora en mi puesto y para justificarlo me repetía en cada entrenamiento que se me había subido a la cabeza.

Dejé de ir a clase para poder ir a todos los entrenamientos específicos posibles con Luca Villena, iba al gimnasio un día más del exigido. Estaba completamente frustrada porque consiguió hacerme sentir insegura, incapaz y abatida.

Muchas veces quise quedarme en casa una semana y no volver. Siempre estaba nerviosa porque nunca sabía por dónde iba a salir. Me incomodaba que me hablara cerca de la cara cuando se cabreaba.  Cuando escuchó que me quería ir de España a jugar a Estados Unidos, me dijo que allá no iba a jugar, que me quedaba muy grande, que lo mejor es que quedara.

Muchas veces quise dejarlo, pero la única razón por la que aguanté toda la temporada fue por mis compañeras. De hecho, en una entrevista en 2015 lo dije: “Quiero demostrar que puedo ocupar cualquier rol en el equipo, sea de sexta, séptima jugadora o entrando de titular, gracias a la confianza que mis compañeras ponen en mí en cada entrenamiento”.

ELLAS, Juanlu, Airam, Luca y Roberto fueron mi único apoyo.

Quiero aclarar que esto no es un ataque sino una manifestación de cómo me sentí. Y que experiencias así no se olvidan de un día para otro. A mí me costó años entender que no lo merecía. De hecho, tarde tres años en aceptar que necesitaba ayuda. En 2017 me puse en manos de profesionales y fui diagnosticada con depresión. Experiencias así no solo te hacen perder la confianza como mujer sino como jugadora y también crean el fin de la carrera de muchas deportistas.

De hecho, mis compañeras Chenise Miller, Stephanie Jensen y Kaydine Bent no volvieron a jugar al baloncesto desde entonces.

No me arrepiento de haber jugado para el Clarinos porque representar a mi isla es un orgullo para mí, porque me siento feliz de que la isla tenga un equipo en la élite. Incluso, en su momento lo dije en público porque sé lo que ha costado sacar este proyecto adelante. Pero me arrepiento de haberle dado la oportunidad a Claudio de haber sido mi entrenador. Razón por la cual este verano 2019, ni siquiera me senté a tener una conversación con él cuando mi agente me llamó y me dijo que el Clarinos de Liga Femenina Endesa estaba interesado en ficharme.

Y vuelvo y repito, eso no quiere decir que Claudio sea mala persona, tendrá sus cosas buenas también, pero es una persona que necesita ayuda para entender el valor de las palabras respeto y profesionalidad si quiere continuar siendo líder de un grupo de jugadoras que representan la élite de nuestro baloncesto.

Quería aprovechar la oportunidad para decir que pedir ayuda no te hace más débil. Admitir que no estás bien no es algo malo. Es bueno, a veces, no estar bien. Quiero decir que, si alguna persona al leerme se ha sentido igual o ha experimentado algo similar, me he encargado de dejar mis datos de contacto al periódico digital “Columna Cero” para cualquier persona que necesite alguien con quien hablar.

No le guardo ningún rencor a Claudio. Incluso me sigo alegrando por los logros del club del que una vez formé parte. En cierto modo, le doy las gracias por haberme enseñado con esta experiencia a ser una mujer más fuerte y experimentada para entender que ningún hombre puede apagar nuestro brillo, aunque me hubiera gustado aprenderlo de otra manera.

¡Gracias a Sara Djassi, por tu acto de valentía y sinceridad! También a todas las personas de aquella época que me han estado escribiendo dándome fuerzas para dar el paso de hablar.

Por último, quería pedir perdón a mi familia por no haberles contado nunca nada. Y porque, probablemente, se vayan a enterar leyendo este artículo. Pero espero que entiendan que guardaba silencio para no crear más preocupaciones de las que había en casa.

Gracias, Graciela Díaz».

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