Un díez a la organización del partido del Ciudad de La Laguna


AGUSTÍN ARIAS

 

«Todos los aficionados al baloncesto deseábamos ese momento, el de ver a la gente en las gradas del Santiago Martín tras seis meses de «abstinencia».

Y el éxito fue total, no solo porque los trescientos que asistieron se lo pasaron muy bien con el apasionante juego que nos ofrecieron Ciudad de La Laguna y SPAR Gran Canaria, no con 40 sino con ¡50 minutos» de emoción… lo fue porque esos 300 demostraron su saber estar y el respeto a las normas establecidas.

Llegaron, adquirieron las entradas en taquilla, entraron guardando las distancias y siguiendo el protocolo Covid19, para sentarse en el asiento designado por los voluntarios y vivir el partido sin levantarse en ningún momento. Solo cuando la necesidad de ir al servicio lo requería, siguiendo también los consejos de ellos y ellas.

Al concluir el encuentro nadie se movió. Esperaban las indicaciones por megafonía para la salida escalonada. El locutor fue citando cada una de las zonas del pabellón y quienes las ocupaban se levantaban y directamente se dirigían a las puertas de salida.

Se puede decir que en diez minutos el recinto quedó completamente vacío en lo que al graderío se refiere. Eso sí, una vez fuera, ya la organización no tenía competencias, viéndose cómo las familias o amigos se juntaban, con mascarilla claro está, para comentar lo vivido en esos 50 minutos de incertidumbre, con final agónico que sonrió a las de casa. Eso sí, la ovación fue doble, ya que el SPAR Gran Canaria hizo también un buen encuentro.

Felicitar al CB Clarinos y también a IDECO, con Chus al frente, que gestionaron con nota esta experiencia piloto en un encuentro de baloncesto

Y tras esta primera experiencia, autorizada por el CSD y el Gobierno de Canarias al tratarse de una categoría ¿amateur?, llegan las preguntas: ¿Y por qué no se hace esto también con el fútbol y el baloncesto profesional?… Quizás la respuesta esté, precisamente, en que sí es factible controlar el acceso y ubicación de 300 personas a un partido femenino «no profesional» que controlar el pase a un estadio de un 10% del aforo, es decir, de más de 2.500 personas, o las 1.000 si hablamos del 20% en un pabellón de 5.000.

Bueno, hay que ser sensatos cuando está en juego la salud pública y dejemos que la autoridad competente haga su trabajo, tomando nota de ejemplos como el vivido ayer domingo en la «catedral» del baloncesto tinerfeño».

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