POR CARLOS GARCÍA (EL DÍA)

El Iberostar Tenerife se enfrenta a otra nueva final. Este es el cariz que prácticamente posee el duelo que esta tarde mide al conjunto aurinegro contra el Galatasaray turco. Es solo la tercera jornada de la fase de grupos de la Basketball Champions League, pero un tropiezo hoy de los isleños podría comprometer seriamente su presencia en los octavos de final del torneo continental. La nueva redistribución en el sistema de competición hace que cualquier desliz adquiera mayor trascedencia, y en ese sentido el club canarista ya agotó su comodín hace dos semanas con su fea derrota en la visita la Dinamo Sassari. No ganar hoy al conjunto otomano obligaría a los de Txus Vidorreta a hacer pleno en las tres jornadas restantes –average al margen– para ser primero o segundo y pasar de ronda.

En este propósito de enmienda en la BCL al Canarias le debe valer con mostrar esta tarde la versión que viene ofreciendo más recientemente en la Liga Endesa. La de la victoria del pasado jueves en la cancha del Manresa, donde tuvo momentos brillantes en la parcela defensiva (16 recuperaciones); y también la del derbi de este pasado domingo, cuando se gustó repartiendo 26 asistencias, número superlativo en el que tuvo mucho que ver el 14/23 en triples. En ese equilibrio los laguneros parecen capaces de acometer cualquier empresa en la Liga Endesa, un reto que no debe serle inalcanzable en la Champions.

Al margen de tener que superar el sacar adelante un choque sin red –falló en sus dos antecedentes más cercanos, las semifinales de la Supercopa y los cuartos de la pasada BCL– y la presión que ello supone, el Canarias deberá lidiar con otros dos aspectos a tener en cuenta. El primero, el cansancio que pudiera acusar al disputar su tercer partido en apenas seis días, y hacerlo además con una rotación que no está siendo demasiado profunda ante la lesión de Dani Díez, la falta de minutos para Álex López, y la situación de un Georgios Bogris que no cuenta para Vidorreta. Además, deberían tener cuidado los isleños con uno de sus lunares, el de las pérdidas. Nada menos que 17 y 15 balones se dejaron por el camino los aurinegros en sus dos duelos más recientes. Un debe que, en ocasiones, se produce por rachas, como los seis regalos que hizo tanto en el primer cuarto como en el tercero contra los claretianos.

En este penúltimo esfuerzo –los canaristas visitan el domingo al Valencia– antes del parón por la ventana FIBA, el Iberostar recibirá a un rival que sobre el papel estaba llamado a pujar con los isleños por la primera plaza del grupo, tanto en su composición originaria de ocho equipos, como en la actual. Sin embargo, el conjunto dirigido por Omer Ugurata parece no haberse repuesto de la marcha inesperada, a finales de agosto, del que estaba llamado a ser la estrella del plantel, el pívot norteamericano Zach Hankins, el pasado año en el Era Nymburk checo y que tanto daño hizo al Canarias en sus dos enfrentamientos. El Galatasaray ha tardado en dar con un sustituto, a quien finalmente ha encontrado con el regreso de Alex Tyus, con un amplio bagaje en clubes de primera línea en Europa. A tener en cuenta, la presencia de Brock Motum, un tres-cuatro al que se vinculó este verano con el Iberostar y que ha recuperado su mejor versión en Turquía tras un paso desapercibido por el Valencia.