CARLOS PIERNAVIEJA (1918-1989), un lagunero que fue internacional con ESPAÑA en 9 ocasiones

AGUSTÍN ARIAS.-

Ayer BASKETMANIATENERIFE.ES ofrecía a su legión de lectores un trabajo sobre los jugadores nacidos en Canarias que han vestido la camiseta de la Selección Española de Baloncesto en su categoría Absoluta.

Se decía que esta tarde FRAN GUERRA se convertirá en el internacional «made in Canary» número SIETE, siendo los seis que completan esta lista de honor los conocidos CHACHO Rodríguez, Carmelo Cabrera, Cristóbal Rodríguez, Juan Ramón Marrero, Laso Azpeitia… y el legendario e internacional en otras modalidades deportivas CARLOS PIERNAVIEJA DEL POZO, nacido el 5 de marzo de 1918 en San Cristóbal de La Laguna y que falleció el 9 de octubre de 1989, en Madrid.

 

José Antonio Pérez Padrón, el «rey de las estadísticas», encontró en el Mundo Deportivo, en su extraordinaria hemeroteca, una doble página dedicada precisamente al que fue prestigioso redactor jefe del Diario Marca, de la revista del C.S.D. «Deporte 2000» y secretario de la Federación Española de Natación.

Los primeros deportes que practicó CARLOS PIERNAVIEJA DEL POZO en Barcelona fueron el boxeo y la natación, este último en el Club Natació Catalunya. Después de que su familia fijara su residencia en Madrid, siguió practicando la natación en el Real Canoe, llegando a ser plusmarquista nacional en 100 metros espalda antes de la Guerra Civil.

En el histórico equipo de la calle Jacometrezo, de Madrid, primer domicilio social del Real Canoe, ahora sito en la calle del Pez Volador, crea, junto a otros nadadores, la sección de baloncesto, disciplina en la que llega a ser internacional por 9 veces y en la que disputó los Juegos del Mediterráneo de 1951, en el que España quedó subcampeón.

Equipo del Canoe en la cancha de Palos de Moguer. Aproximadamente, sobre 1954. Piernavieja, Capel, Juan Sanz, Tamames, Torregrosa, Mena, Gregorio, Cristóbal, Pepe Sendra, García Setién y Mariano Herranz.

Fue internacional en cinco disciplinas deportivas de forma simultánea, siendo el Rugby el deporte predilecto para él, demostrando tener, además, buenas dotes para el hockey hierba, voleibolpelota vasca, y piragüismo, disciplina esta última en la que realizó entre otras hazañas la travesía Mallorca (Cala Ratjada) – Roma, remontando el Tíber y la del Estrecho de Gibraltar.

CARLOS PIERNAVIEJA ejerció el periodismo en el diario Marca, hasta su jubilación y, formó parte también de la redacción de Deporte 2000.

En el momento de su muerte ostentaba la jefatura del servicio de prensa del Comité Olímpico Español, cargo que desempeñó durante los mandatos sucesivos de D. Alfonso de Borbón, duque de Cádiz, y de D. Carlos Ferrer Salat.

​Recibió la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, otorgada por el Consejo Superior de Deportes

NECROLÓGICAS

«Carlos Piernavieja, periodista»

«1989 no es un buen año para los viejos compañeros de Marca. Hay una frase pesimista que reza: «Siempre se mueren los mejores«. Sólo es así en parte, porque la muerte llega para todos; pero en el caso de Carlos Piernavieja, fallecido ayer en Madrid, a los 71 años, es evidente: era de los mejores. Y como Belarmo, desaparecido hace poco más de cuatro meses por otro infarto de miocardio, de los más generosos.

Y a brillar en los tiempos heroicos y pioneros del deporte español, hasta ser múltiples veces campeón de España absoluto o universitario. Incluso llegó a tener los récords nacionales de natación en 100 metros espalda, 4 X 200 y 3 X 100 estilos. Y como otro ejemplo de su hermosa locura deportiva, formó parte de las expediciones en piragua Palma de Mallorca-Roma y de la travesía del estrecho de Gibraltar.
No fije extraño, por todo ello, que Carlos Piernavieja trasladara al periodismo toda la intensidad y dedicación que jamás he visto a nadie en esta profesión. Tuve la suerte de aprender de él, admirándole, en mis comienzos en Marca. Carlos se tuvo que morir un lunes, el día histórico de descanso en el periodismo deportivo, como si hubiera completado un domingo más, apretado y agotador, con la Liga de su balonmano -que acaba de comenzar, ironías del destino- o tras luchar por encontrar un hueco para meter en las páginas, por ejemplo, unas líneas de judo o de lucha, a las que había dedicado, seguro, muchas horas y mal entendidas, casi siempre.

Porque Carlos fue un todo terreno al que no se hizo justicia en vida por muchas placas y premios que recibiera. También llegarán tarde ahora, a título póstumo, con algún memorial incluido, como suele suceder. Su corazón tuvo que sufrir por la cruel marginación de hace unos años dentro de aquella hornada gloriosa de Marca jubilada sin piedad, sin haber aprovechado siquiera parte de sus muchos conocimientos. Porque para escribir de algo hay que saber, al menos, tanto como el futuro lector. Y Carlos era de los pocos que sabía siempre más, porque había sido, en casi todo, cocinero antes que fraile. Así lo demostró también en la desaparecida revista Deporte 2000 o en sus repetidas colaboraciones con el Comité Olímpico Español, del que fue jefe de prensa.

Pero los viejos soldados, en realidad, nunca mueren. Su cuerpo reposa desde ayer en el hospital Ramón y Cajal y hoy será enterrado a las nueve de la mañana en el cementerio de Fuencarral. El recuerdo de Carlos, también el de sus aventuras y anécdotas, que parecían irreales, pero que no lo eran cuando él las contaba, permanecerá como su mejor medalla, como su más brillante récord.

* Este artículo apareció en la edición impresa de EL PAÍS el día 9 de octubre de 1989

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