Giannis Antetokounmpo: Una historia de película

Interesante artículo de ABRAHAM ROMERO en «El Mundo»

 

«De vender DVDs en la calle a firmar el mayor contrato de la historia: la vida de Giannis Antetokounmpo»

Nació en Atenas pero no tuvo papeles hasta los 18 años, le descubrieron en la calle con 13, compartía zapatillas con sus hermanos… Y ahora ha firmado con los Bucks por 228 millones de dólares.

«¿Qué ha pasado? ¿Estoy jodido?«.

La pregunta se la hizo Giannis Antetokounmpo (Atenas, 1994) a sus compañeros de mesa mientras David Stern, antiguo Comisionado de la NBA, anunciaba a Anthony Bennett como número 1 del Draft de 2013. El joven jugador griego no entendía lo que pasaba. Tenía algo más de 18 años y estaba en el Madison Square Garden de Nueva York, apenas hablaba inglés y prácticamente no sabía en qué consistía la elección de los ‘novatos’ por parte de las 30 franquicias de la NBA. Unos minutos más tarde, en la posición número 15, el propio Stern mencionó el impronunciable apellido de Giannis por orden de los Milwaukee Bucks. El resto es historia.

Antetokounmpo llegó a la NBA sin experiencia, sin vocabulario, sin músculos y dejando atrás un acuerdo para jugar en el CAI Zaragoza, que se llevó 300.000 euros por las molestias y por su cláusula de salida a Estados Unidos. Firmó con los maños en diciembre de 2012, cuando cumplió 18 años, pero el club español decidió que terminara la temporada en Grecia y después se uniera a la plantilla como base suplente de Pedro Llompart. Todo iba bien hasta que aparecieron los Bucks. Su salto a la mayor liga de baloncesto del mundo lo cambió todo, incluida su nacionalidad.

Hasta cumplir la mayoría de edad, Giannis no tuvo papeles. Sus padres eran inmigrantes ilegales llegados desde Lagos (Nigeria) y a pesar de que el joven Antetokounmpo había nacido en suelo griego, las dificultades de la familia para encontrar trabajo y dinero les impedían lograr la nacionalidad para sus hijos. Ni siquiera la aparición de Spiros Velliniatis, descubridor de Giannis a los 13 años mientras buscaba a chicos altos en las pistas de barrio, logró documentar su presencia en Europa. Velliniatis, eso sí, fue clave para la familia. Ayudó a encontrar un trabajo de 800 euros a los padres a cambio de llevarse al hijo, que compartía zapatillas con sus hermanos, al equipo que dirigía. «Todo es legal e ilegal en Grecia«, decía en un reportaje sobre la carrera de Giannis en el ‘New York Times’. Velliniatis había jugado al baloncesto en un instituto de Florida y entrenó al adolescente Antetokounmpo hasta que le descubrieron los ojeadores de la NBA. Mientras, el chico intentó ganar algo de dinero para su casa vendiendo gafas de sol y DVDs por las calles de Atenas. «Vivíamos con miedo a ser deportados», contó el jugador de los Bucks en ‘Sports Ilustrated’.

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Su ética de trabajo enamoró a sus entrenadores. El baloncesto era su vida. Se quedaba en el gimnasio hasta altas horas de la madrugada e incluso muchas veces dormía allí por el miedo a pasear de noche por la ciudad. Vivía en Sepolia, un barrio desde donde veía el Acrópolis y al que aún a día de hoy vuelve para ver partidos en la cancha callejera que ahora tiene pintado un enorme mural con su cara.

Con la mayoría de edad y el aumento de los rumores sobre su marcha a una gran liga europea o al Draft de la NBA, Antetokounmpo consiguió la nacionalidad griega y se convirtió con el tiempo en ‘The Greek Freak’, ‘El Monstruo Griego’, apodo y también título de la película sobre su vida que estrenará Disney en 2022. El papel que le habían negado durante 18 años se lo entregó en bandeja el baloncesto. «Mis hermanos y yo somos griegos-nigerianos. Si a alguien no le gusta eso, es su problema», escribió en sus redes sociales.

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Antetokounmpo es ahora dos veces MVP de la NBA y acaba de firmar con los Milwaukee Bucks el mayor contrato en la historia de la liga: 228 millones por cinco años, una media de 45,6 al año, superior a lo que cobra el mismísimo LeBron James y que le sitúa en el Top-5 de salarios en el mundo del deporte. Si observamos los contratos de las grandes estrellas con sus equipos u organizaciones y analizamos la media anual que reciben, nos encontramos con los 100 millones brutos que el Barcelona paga a Leo Messi, los 70 del PSG a Neymar, los 65 de la Juventus a Cristiano Ronaldo y los 50 que recibe el boxeador Tyson Fury de la cadena ESPN.

El griego supera por poco a la otra joven estrella del deporte americano, Patrick Mahomes, quarterback de los Kansas City Chiefs de la NFL y MVP de la última SuperBowl, y a campeones como Lewis Hamilton. Algunos deportistas pueden cobrar más que él gracias a la publicidad o a ganancias variables según los torneos que ganan, como Roger Federer, Tiger Woods o Rafael Nadal, pero no cobran directamente y de manera constante de la organización deportiva en la que se encuentran.

Las cifras del MVP mejoran, además, si se añade su contrato audivisual con Disney y su acuerdo publicitario de diez millones anuales con Nike. De las zapatillas que compartía con sus hermanos a las Nike Air Zoom Freak a las que pone nombre. Una historia de película.

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