«La pareja despareja que recrea Campazzo en Denver», artículo en el «CLARIN» de Argentina

El cordobés compartió minutos con Bol Bol, que le lleva casi 40 centímetros. La imagen recordó al dúo que formaron en Washington Bullets dos emblemas de la liga.

Mauricio CodoceaMauricio Codocea

Es como una regresión. Como si el eclipse que esta semana «polarizó» los ojos de buena parte de Argentina se repitiera pero dejara la vista color sepia. Como si Muggsy Bogues le hubiera cedido el honor a Facundo Campazzo y como si Bol Bol fuera su padre, Manute, los Denver Nuggets recrean su propia versión de la pareja más despareja de la historia de la NBA.

Claro que tienen razones para ser sensación. El interno de 2,18 metros nació en Sudán en 1999 y es hijo del mítico Manute, quien con sus 2,31m fue durante un tiempo el jugador más alto en la historia de la NBA y se destacó por su tremenda capacidad para meter tapas, ayudado, claro, por su descomunal altura.

Como su padre y mucho por el legado que él dejó, Bol Bol llama muchísimo la atención y provoca una tremenda disparidad con Campazzo, quien mide 1,79, es decir 39 centímetros menos.

Y, aunque no es el metro sesenta que mide Muggsy (hasta hoy el hombre más bajo en haber jugado la liga), la pequeñez del argentino alcanza para que todo lo que haga resuene el doble o el triple, más aún cuando se cruza con el africano, como ocurrió en la noche del miércoles cuando Denver le ganó con claridad a Portland 126 a 95 en el segundo amistoso de pretemporada.

Por supuesto, se trató de una muestra muy pequeña y de una exótica combinación que será difícil de ver seguido, ya que tanto Campazzo (que jugó 9 minutos con 3 asistencias, 1 robo y 1 rebote) como Bol Bol arrancan de atrás y deben ganarse sus minutos. Especialmente el sudanés, que tiene apenas 20 años y está sumamente «verde», aunque tiene un potencial impresionante.

Verlos en acción juntos es un viaje inmediato en el DeLorean del doctor Emmett Brown a la temporada 1987/88, único año que compartieron en los Washington Bullets. En ese torneo, Muggsy (que debutaba) y Manute (que estaba en su tercer año) llegaron a la primera ronda de playoffs con el equipo encabezado por Jeff Malone, Moses Malone y Bernard King.

Jugaron casi todos los partidos: 79 y 77, respectivamente, en la fase regular. En contrapartida, en la serie de playoffs ante los Detroit Pistons (aquellos Bad Boys subcampeones ese año pero bicampeones en las dos campañas siguientes) el alto y el petiso casi no tuvieron minutos.

Pero fueron un ícono en unos Bullets que tenían una flojísima asistencia de público al estadio y, aunque esa situación no mejoró muchísimo, sí se convirtieron en un condimento muy particular para los hinchas. Claro que debieron luchar contra el prejuicio de que eran meramente un espectáculo visual algo bizarro.

En ese sentido, lo que sucede con Campazzo y Bol Bol al equipo le rinde y muchísimo. Y no tiene que ver con lo que pasa sobre el parquet, sino fuera de él. Porque el petiso cordobés se ha convertido en una sensación de las redes, apuntalado, claro, por el fandom argentino que ha demostrado en estos días que estaba ávido por tener un representante en el mejor básquetbol del mundo.

Las publicaciones en las redes oficiales del equipo lo dejan de manifiesto. Basta ver la diferencia en alcance que tienen los posteos sobre Campazzo y sobre el resto del equipo.

Como ejemplo, se puede tomar material del partido ante los Trail Blazers. Mientras una jugada o simplemente una foto del exjugador de Real Madrid pueden acumular más de 5 mil «me gusta» en cuestión de horas, el resumen de la actuación de Nikola Jokic, la absoluta figura del equipo y uno de los ¿diez? mejores jugadores de toda la NBA, hasta la tarde de este jueves sumaba «humildes» 500 likes.

Y los casos son comparables, por supuesto. El de Bol Bol, porque arrastra todo el bagaje familiar, la excentricidad para el público occidental de venir de una familia tribal de la África profunda, con el antecedente de su padre. Por lo pronto, en su camino al profesionalismo mostró más herramientas técnicas que Manute: tiene un interesante tiro de tres puntos y un más que correcto manejo de la pelota.

Y el de Campazzo, claro, porque (aunque casi 20 centímetros más alto que Muggsy Bogues) también debe vencer al prejuicio del metraje. En su caso, sus primeras dos presentaciones sirvieron para ello. Sus compañeros y su entrenador lo adularon, así como también uno de los asistentes del staff en una entrevista con el diario As de España.

La prensa y los hinchas, que miraban con la desconfianza del desconocimiento, también se empezaron a dejar seducir por la intensidad defensiva y los recursos ofensivos del argentino, a quien ya apodaron «El mago».

En definitiva, es un camino largo que recién arranca, pero las señales son positivas. Y hasta cuenta con ese curioso guiño de la historia que se repite. Muggsy hizo una estupenda carrera y es hasta hoy una de las mayores figuras en la vida de los Charlotte Hornets: líder histórico en asistencias totales, en promedio de asistencias y en cantidad de robos.

Campazzo, como Bogues, toda la vida jugó para demostrar que sí se puede. Ahora está ahí, dispuesto a intentarlo.

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