«El Uno x Uno» de Iberostar Tenerife», por Carlos García en EL DÍA

«Huertas, Shermadini y Díez lideraron a un equipo en el que hubo jugadores que no ofrecieron el rendimiento esperado y deseado»

El periodista tinerfeño CARLOS GARCÍA firma en las páginas y la web de EL DÍA su análisis al rendimiento global de cada uno de los jugadores de Iberostar Tenerife utilizados a lo largo del curso cestista 2019/2020.

Líder natural
Marcelinho Huertas
Líder natural del equipo. Ha hecho uno de sus mejores años desde que llegó a España, encontrando en Shermadini un socio perfecto, pero también asumiendo muchos tiros. Su único pero, los partidos en los que no superó la marca física de su rival y acabó cruzado. Debe ser pieza clave para el próximo año.

Pesó la responsabilidad
Álex López
Alternó partidos más que aceptables con otros en los que se le vio algo inseguro y quizá sobrepasado por la responsabilidad de ser volver a casa. Con dos año más de contrato, debe mejorar su porcentaje en tiros libres.

Trabajo oscuro

Alberto Cabrera
Se vació en el día a día, pero apenas tuvo oportunidades en la ACB. Sí se le vio algo más en la BCL, donde las lesiones y el ser cupo le ayudaron a estar varias veces entre los 12 convocados.

Irregular pero diferencial
Iffe Lundberg
Se mostró tremendamente irregular, dejando destellos de lo que es capaz, pero también encadenando en un mismo encuentro errores evitables. Tiene contrato, y por condiciones, margen de mejora y físico (es quien más piernas tiene entre el uno y el dos), sería un error dejarlo marchar.

Referente tirador
Sasu Salin
Cumplió con su faceta de tirador (lanzó más que en toda su carrera en España), siendo por momentos la única amenaza exterior del equipo. Tuvo series para el olvido, pero ganó algunos partidos con sus triples. Tiene contrato.

Agradable descubrimiento
Nick Zeisloft
Su fichaje dio más alternativas al equipo lagunero desde el 6,75. Especialista puro… y de garantías. También en el tiro libre. Grato pero a la vez tardío descubrimiento. Su condición de extracomunitario y el overbooking en su puesto juegan en su contra.

Derroche físico
Lahaou Konate
Llegó para cubrir la descompensación en el tres. A veces desesperante y hasta previsible en ataque, y muy limitado en el tiro. Sin embargo, su entrega en defensa y su juego a campo abierto le permiten marcar diferencias. Si fuera más regular o hubiera cambios como en balonmano…

Tres de nivel
Dani Díez
Fichado para ser el tres titular y llenar el vacío dejado por Beirán, el madrileño ha cumplido con creces. No se genera sus propios tiros, pero fue clara amenaza exterior (43,4%). Yéndose también al cuatro ayudó como el que más en el rebote para ser el nacional más valorado de toda la competición. Tiene contrato, pero podrían llegarle pretendientes.

Lastrado por una lesión
Santi Yusta
La grave lesión de rodilla sufrida a finales de abril dejó al Canarias sin su exterior más diferencial en ataque, y que además atravesaba por un momento dulce. Si se recupera en los plazos previstos, debe ayudar a partir de 2021.

Desapercibido
Dino Radoncic
Apenas se le pudo ver en este tramo final. Le puso ganas, pero se le notó pasado de revoluciones o bien falto de la concentración necesaria.

Espantada inesperada
Kyle Singler
Fue un visto y no visto. Primero por una lesión y luego porque decidió retirarse del baloncesto. A saber hasta dónde hubiera llegado el Canarias con él.

Temporero intermitente
Álex Suárez
Se le fichó como temporero y acabó ganándose su renovación hasta final de curso. Fue irregular en el tiro y no logró hilvanar dos partidos decentes. Tiene opción a un año más y su condición de cupo suma, pero el Canarias necesita subir el nivel en ese puesto.

Lejos de su versión
Tomasz Gielo
No terminó de recuperar su versión previa a la grave lesión de rodilla. Alternó titularidades (con buenos inicios de partidos) con otros en los que ni fue convocado. Su situación para el futuro es muy similar a la de Suárez, aunque el polaco no es cupo.

Una decepción
Aaron White
Se incorporó como un fichaje de campanillas, pero en cambio su rendimiento dejó mucho que desear en casi todos sus encuentros. Blando en el rebote y muy inseguro y titubeante en el tiro de tres. En la fase ni se le vio.

Apuesta fallida
Darion Atkins
La apuesta de este curso salió rana, ya que el norteamericano no estuvo cómodo (muy fallón desde el arco) cuando tuvo que jugar de cuatro, y le faltó más presencia física (y hasta acierto) cuando se fue al cinco.

El otro líder
Gio Shermadini
El otro líder indiscutible del equipo, con un arranque de película. Como Huertas ha ofrecido sus mejores números vistiendo de canarista, siendo determinante y desequilibrante en varias victorias. Y como el brasileño también ha sufrido con marcas muy físicas. Debe ser una de las piedras angulares del próximo año.

No fue el mismo
Georgios Bogris
Las prestaciones en su regreso estuvieron muy lejos de las que ofreció en su primera etapa como aurinegro. Ejerció como poste repetidor, pero le costó mucho mirar a canasta y por momentos fue muy blando. En una buena condición física debería ser, el año que viene, recambio de garantías para Gio.

Destellos para sumar
Fran Guerra
Ser cupo y brillantes actuaciones como las que firmó al inicio del curso y en el epílogo de la Fase Final le deben garantizar el cumplir el que año que le queda. Demostró que puede tener presencia en el rebote ofensivo y también aportar desde el perímetro.

Otro gran curso… pero con mácula

Una Fase Final por debajo de las expectativas ha marcado el curso del Iberostar Tenerife. Un borrón que sin embargo no debe esconder la gran temporada, otra más, de los aurinegros. Campeones de la Copa Intercontinental, en Copa del Rey por cuarto año seguido y también cuartos en ACB en el momento del parón.

Sendas derrotas contra el Unicaja y el Baskonia, y una tercera -con muy mala imagen incluida- frente al Bilbao han dejado un sabor amargo en el Iberostar Tenerife 20/21. Una mancha tan llamativa como inesperada que, seguramente de manera injusta, ensombrece el resto del curso. Por mucho que la plantilla canarista tirara de orgullo para acabar ganando sus dos últimos partidos de la Fase Final y pese a que hasta el maldito parón por el Covid-19 a la campaña canarista apenas se le pudiera poner un pero.

La primera reconstrucción. Lejos de su proceder habitual, el CB Canarias tuvo que lidiar de entrada con una reconstrucción total de una plantilla en la que solo sobrevivieron los técnicos y un inédito Tomasz Gielo. Muchos más fichajes de los de costumbre, pero muy buenos mimbres para volver a reilusionar al aficionado. Una euforia que no se pudo desatar con el tropiezo inicial en el Santiago Martín y por ver como escapaban vivos de Los Majuelos como el Baskonia y el Real Madrid.

La maldición del cuatro. Si el año anterior había sido Gielo el que dijo adiós a las primeras de cambio por culpa de una grave lesión en la primera jornada liguera, esta vez Pablo Aguilar, elegido para ser el cuatro titular, no llegó siquiera a debutar con la elástica canarista al no terminar de recuperarse de una lesión de muñeca. Por si fuera poco, a Kyle Singler, llamado a cubrir su hueco, le dio un aire y decidió, de la noche a la mañana, dejar el baloncesto. Con Suárez como temporero y Díez simultaneando el tres y el cuatro, Vidorreta fue parcheando los contratiempos hasta la llegada de un ala pívot de garantías. Un refuerzo que Aniano Cabrera encontró en el rutilante Aaron White, que llegó al inicio de la segunda vuelta y se presentó a lo grande contra el Estudiantes para luego irse diluyendo como un azucarillo y provocar que de nuevo esa posición interior volviera a cojear.

Velocidad de crucero. Aún así, el Iberostar comenzó a carburar. Sin ser capaz de doblegar a los grandes de la ACB, pero prácticamente haciendo pleno ante rivales de igual o menor enjundia. Una velocidad de crucero que tuvo su punto culminante dejando en 54 puntos al Burgos en el séptimo triunfo sobre ocho posibles. Por el camino, un espectacular derbi contra el Granca (100-79) o los 11 puntos anotados en Zaragoza, remontando una desventaja de 15 puntos y haciendo un gran 15/28 en triples.

Una pareja letal. Buena parte de esa gran trayectoria de los canaristas, consolidados en la cuarta plaza y clasificados para la Copa como cabezas de serie, tuvo mucho que ver con las prestaciones de unos soberbios Huertas y Shermadini, para los que romper registros estadísticos y acumular galardones de MVP se estaba convirtiendo en una gratificante costumbre. Un plus de valor incuantificable para el conjunto lagunero, pero a la vez un arma de doble filo, ya que cuando el brasileño y el georgiano no estaban en pista -o cuando sus rivales lograban maniatarlos-, el Iberostar era a veces un equipo previsible y hasta sin alma. Lo sucedido estos días atrás en la Fase Final es el ejemplo más palpable de dicha dependencia.

Un mes sin tregua. Llegaba en plenitud de condiciones la escuadra canarista al que debía ser su primer punto crítico del curso: febrero. De entrada, los de Txus Vidorreta solventaron de maravilla la consecución de su segunda Copa Intercontinental (al vencer a la Virtus Bolonia en la final) antes de afrontar una Copa del Rey en la que muchos lo situaban como un serio outsider. Sin embargo, entre la responsabilidad, un flojo encuentro y un final algo controvertido, el cuadro canarista no pudo pasar de los cuartos de final contra el Andorra. Por si fuera poco, una semana después perdía a Santi Yusta (uno de sus jugadores más en forma en ese momento) por una grave lesión sufrida mientras jugaba con España. Tocaba reinventarse otra vez.

El desafortunado parón. Entre el desgaste previo y esas ventanas FIBA que tan mal le sientan siempre, el CB Canarias trató de rearmarse con la llegada de Dino Radoncic y la de un Nick Zeisloft que de entrada no pudo debutar. Los aurinegros parecían ir con la reserva encendida y pedían a gritos un paréntesis para tratar de reordenarse para superar el esfuerzo realizado y tratar de consumar su presencia, otro año más, entre los mejores de la Basketball Champions League. Y ese freno llegó con el Estado de Alarma. Un parón, eso sí, que acabó prolongándose en exceso.

Y un regreso al ralentí. Fueron, desde el 12 de marzo, más de tres meses sin competir, pero todo hacía indicar que el CB Canarias llegaba a la cita de Valencia en las mejores condiciones posibles. Y es que, al margen de llenar el tanque de los más explotados hasta ese momento, a Vidorreta no se le marchó ninguno de sus extranjeros, tampoco sufrió lesiones de relevancia y además pudo meter en dinámica a Radoncic y Zeisloft. Todo a favor para confirmar un gran año y luchar por las semifinales. Sin embargo, el Iberostar que se vio de entrada en La Fontenta fue una caricatura de sí mismo. Un querer y no poder. O un poder y no querer. Nunca se sabrá. Lo cierto es que cuando los aurinegros volvieron a coger carrerilla y ser más reconocibles, ya era demasiado tarde para confirmar la excelencia global de un curso que -nadie puede negarlo- había sido hasta entonces de sobresaliente.

El futuro inmediato

La idea del director deportivo canarista, una plantilla corta, pero de nivel. Con 12 o 13 jugadores más los vinculados (como Cabrera y Brnovic). Un plantel condicionado en parte por los plazos de recuperación de Santi Yusta (una baja que debe ser paliada con la llegada de Dejan Todorovic), y también por otros aspectos vitales para mantener la competitividad. Uno, dar con la tecla para que las ausencias en cancha de Huertas se noten lo menos posible; e igualmente acertar con los cuatros, donde el fichaje de Aaron Doornekamp debe completarse con un compañero de garantías. Eso, y cruzar los dedos para no padecer, de nuevo, lesiones severas.

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