Hoy fue el DÍA de Marcelinho

EFE Deportes

Repasa la exitosa trayectoria de Marcelinho Huertas, quien hoy recibió el II Trofeo como mejor jugador latinoamericano de la Liga Endesa 2019/2020

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«Estoy muy contento de haberlo logrado con la camiseta del @IBEROSTAR Tenerife»

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La madre del jugador brasileño de baloncesto Marcelinho Huertas, Tania Huertas, fue registrada este miércoles, al posar para Efe, en la cancha del estadio del club Paulistano, en Sao Paulo (Brasil). EFE/Fernando Bizerra

Desde los tres años metiendo canastas

 

 

 

El primer contacto con una pelota de baloncesto fue en la casa de su infancia, en Sao Paulo. Marcelinho Huertas tenía apenas tres años cuando comenzó a practicar en una canasta que había en el cuarto de su hermano mayor.

Así comenzó a forjarse la historia y también el carácter competitivo de este base brasileño que triunfa a sus 37 años en el Iberostar Tenerife, de la Liga ACB de España.

«Empezó a disparar, a disparar y siempre quería agarrar la pelota de baloncesto de su hermano Felipe, pero Felipe no le quería dejar», recuerda la madre de ambos, Tania Huertas, de 65 años, en una entrevista con Efe.

En el conflicto tuvo que mediar Papá Noel. «Fue la manera de encontrar paz dentro de casa, cada uno con su pelota de baloncesto», señala Tania.

En la residencia de los Huertas, cuya familia tiene raíces italianas y españolas, se respira baloncesto desde siempre.

El padre, Domingos, lo practicó en su juventud, y su hijo mayor, Felipe, siguió el mismo camino que años después emprendería también Marcelinho, el benjamín del trío de hermanos que completa Daniela.

El baloncesto era el monotema en las cenas familiares y el programa favorito en televisión. Por entonces, ‘el nene’, como Felipe llama a su hermano pequeño, era un apasionado de los álbumes de cromos y su sueño era jugar en la NBA.

Los primeros pasos los dio en el club Athletico Paulistano, uno de los más tradicionales de la capital paulista.

Lanzar a canasta hasta no fallar

«Entraba aquí en esta pista y se quedaba horas y horas entrenando, horas y horas lanzando. Si erraba una canasta, comenzaba de nuevo hasta llegar a un número equis de canastas», relata Tania sentada en la grada de esta cuadra de baloncesto de colores rojos y donde reza un cartel con la frase «anticipe el futuro».

Tania aún se le enjuagan los ojos cuando recuerda el primer partido de Marcelinho como federado, algo que le marcó tanto como el día que vistió la camiseta de la selección brasileña y sonó el himno nacional.

«Esta pista tiene mucha historia para nosotros. Todo ocurrió aquí», explica.

Perseverancia, dedicación y esfuerzo. Porque Marcelinho ya comenzó a despuntar desde pequeño en las categorías inferiores del Paulistano, como explica Charles Eide Júnior, gerente de deportes de la entidad desde hace un cuarto de siglo.

«Cuando tenía que entrenar, entrenaba. No había espacio para conversaciones. Venía hasta solo. Eso marca la diferencia. Entonces, un jugador de baloncesto con capacidad técnica, condicionamiento físico e inteligencia no puede salir mal», afirma Charles a Efe.

Recuerda con cariño que casi son descalificados de un torneo no profesional porque los rivales creían que Marcelinho, entonces con unos diez años, era mayor que el resto de jugadores -cuando en realidad era más pequeño- y, por eso, estaba destrozando a todos.

«Él era menor que el resto, pero era mucho mejor», narra Charles.

En los estudios, el baloncesto, lejos de ser un obstáculo, fue un incentivo más. Sus padres le demandaban traer buenas notas a casa porque «sin buenas notas, no había entrenamiento», rememora Tania.

«Era el gran argumento que tenía en la vida porque por el baloncesto hacían cualquier cosa, tanto Marcelo como el hermano», completa.

La llamada de un agente… ¿una broma?

Marcelinho completó sus estudios en Texas, Estados Unidos, donde perfeccionó aún más su técnica y triunfó incluso con el equipo colegial.

A su vuelta a Brasil tuvo un breve pasaje por el Pinheiros, gran rival del Paulistano, al que volvió antes de su fichaje por el DKV Joventut de España en 2004, con 21 años recién cumplidos.

Cómo se coció su marcha al baloncesto europeo aún provoca carcajadas en Tania.

«Era un lunes por la mañana. Llamó una persona diciendo soy fulano de tal, agente deportivo (de España) y quería representar a Marcelo. Agarré el teléfono y se lo pasé a mi marido. Le dije: ‘toma una broma. Alguien quiere gastarnos una broma, atiende'», rememora.

Al final resultó ser verdad. El agente les fue a conocer, les presentó el proyecto y las posibilidades de Marcelinho de irse a jugar lejos de Brasil.

«Me acuerdo muy bien de ese día en que me dijo: ‘Mira, si todo va bien, su hijo debe estar fuera de Brasil unos diez años’. Pensé ¿diez años? ¿será posible? Y mira, de eso ya hace 17», afirma Tania.

Marcelinho dejó a medias sus estudios de Economía en la universidad y empezó un exitoso periplo deportivo por España que le llevó al Joventut (2004-07), Bilbao Basket (2007-08), Baskonia en dos etapas diferentes (2009-11 y 20017-19) y Barcelona (2011-15).

Entre medias, cumplió su sueño de jugar en la NBA con uno de los equipos más laureados, Los Ángeles Lakers.

Hoy, con 37 años, brilla en el Iberostar Tenerife y este jueves recibirá el II Trofeo como mejor jugador Latinoamericano de la Liga Endesa que organizan la Agencia Efe y la ACB. Y aún le queda cuerda para rato.

«Siempre está estudiando, siempre agrega, no existe acomodación, no existe un parar. Él quiere más y más», explica su madre, quien describe a su hijo menor como una persona «muy carismática, amada e íntegra» tanto dentro como fuera de la cancha.

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