CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (V)

CAPÍTULO QUINTO

Cursos sin baloncesto (II)

«Con el flamante título de Bachiller Superior en mi poder, comencé el Preuniversitario y quise continuar jugando en algún equipo del Colegio, pero, por edad, no pude hacerlo. El límite para la liga escolar eran los 16 años y yo acababa de cumplir los 17.

Lo que sí pude hacer en los inicios del curso, fue entrenar con las compañeras que aún continuaban en el Centro. Sólo estuve durante el primer trimestre, porque, hacia Diciembre, se abrió la puerta de la natación y la oportunidad de profundizar y mejorar en otro de los deportes que siempre me ha apasionado.

Para inaugurar la puesta en marcha de la primera piscina municipal de esta ciudad, se celebró el Campeonato Nacional de Natación de la temporada que correspondía. Fue un acontecimiento deportivo muy poco habitual en aquella época, los aficionados no quisimos perdérnoslo y yo tuve la oportunidad de verlo acompañada por mi padre.

Allí coincidimos con uno de sus buenos amigos, D. Peder Larsen (q.e.p.d.), cónsul de Dinamarca para nuestra provincia y Presidente de la Sección de Natación del Real Club Náutico. Cuando supo de mi afición, me invitó a formar parte del equipo de esta institución y, sin pensármelo mucho, acepté encantada.

Desde el primer momento, manifesté que mi deseo no era competir. Para eso, ya llegaba bastante tarde, si tenemos en cuenta que, en este deporte, lo ideal es comenzar seriamente desde los diez o doce años. Sólo aspiraba a perfeccionar los estilos propios de la natación. Ya sabía nadar desde muy pequeña, pero me faltaban conocimientos para hacerlo mejor. Estuve casi dos temporadas y disfruté del privilegio de ser enseñada por un gran señor, D. Acidalio Lorenzo (q.e.p.d.), bellísima persona y excelente entrenador.

Más tarde, supe que fue, además, Seleccionador Nacional. Le recuerdo como una persona muy afable y cordial, de muy buen trato con todo el mundo y muy sencillo. Todos le llamábamos Jefe y él parecía encantado con que lo hiciéramos. Hoy, aquella primera piscina municipal lleva su nombre desde hace más de treinta años.

Acabado el PREU y sin tener decidido qué estudiar, animada por mi madre y porque tenía ciertas habilidades artísticas, me apunté a mejorarlas. Aconsejada por los “profes” que tuve, preparé el Ingreso en la carrera y, cuando vine a darme cuenta, estaba compaginando mis estudios superiores con la práctica del baloncesto.

El refrán dice que «Al cabo de los años miles, vuelven las aguas a sus carriles». Algo así me ocurrió a mí, aunque no tardé tanto. Sólo dos cursos académicos.

El regreso

«Aunque la natación fuera el deporte al que me dediqué después de terminar el Bachillerato, siempre procuré no perder el contacto con las compañeras del equipo de baloncesto del Colegio. Su entrenador era Juan José Rodríguez Pinto (q.e.p.d.). Lo conocí en esa época y supo que mi deseo era seguir jugando a baloncesto de una manera formal.

Un día me dijo que su amigo y también entrenador, Jerónimo Foronda, estaba buscando un par de jugadoras para el conjunto que en esa temporada que acababa, la de 1965-66, había sido el flamante Campeón de España, el Mª Auxiliadora. Dos o tres componentes del mismo querían retirarse y había que sustituirlas para la temporada siguiente. Me pidió que le acompañara a hablar con Foronda, quien dijo que me recordaba porque me había visto jugar cuando formaba parte de aquel novato equipo escolar, el Dominicas B.

Según supe qué era lo que se esperaba de mí, dentro del conjunto, acepté con mucho gusto. Era todo un honor formar parte del mejor bloque del baloncesto femenino de esta tierra nuestra y de aquellos tiempos y, además, una de mis amigas y compañera del Colegio ya formaba parte de la plantilla y también me animó para que me uniera a ellos. Comencé, pues, en la temporada 66-67, a tomarme muy en serio todo lo que suponía formar parte de un grupo deportivo del nivel demostrado por el gran campeón.

Como ya dije en la entrada dedicada a él, este conjunto fue pionero y modelo para las siguientes generaciones de este bello deporte, abriendo camino para que, diez años más tarde, en la temporada 75-76, otro equipo, el Asunción Krystal, tomara el relevo en el Campeonato de Canarias y, en la Fase de Ascenso correspondiente, ganara su derecho a participar en la liga de la División de Honor del baloncesto femenino español. Cuando llegue el momento, hablaré con más amplitud de este otro histórico logro.

Como recuerdo gráfico del inicio de mi andadura con el Mª Auxiliadora, sirva la imagen adjunta. Curiosa imagen, por cierto, ya que recoge el estilo de la época para hacer fotografías a grupos familiares. Quizá, el hecho de que las jugadoras no estuviéramos equipadas con el traje de faena deportiva, inspiró al fotógrafo para que posáramos como una familia numerosa. No anduvo lejos, porque esa era la pretensión del entrenador y, con el paso del tiempo, yo sentí que lo íbamos consiguiendo.

En la peculiar foto aparecemos Juany Fumero, Asunción Guerra, Ángeles García, Fefa Villalobos, Mary Pily Hernández, Charo Borges, Conchy Ramírez, Clarita Pérez y Elena Menéndez. Nos acompañan el entrenador, Jerónimo Foronda, y el Delegado del equipo, D. Antonio Nóbrega, ya mencionado en anteriores entradas, por sus funciones como Secretario de la Federación de Baloncesto.

Así pues, a partir del verano de 1966, me eché a la espalda varias responsabilidades: consolidar mis estudios con el segundo año de sorprendida y entusiasta permanencia, recuperar mi vocación baloncestística al más alto nivel y buscar una cierta independencia, a través de trabajos esporádicos, que compaginaba con las dos actividades anteriores.

Pero… éstas serán historias para próximos encuentros.

 

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