CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XII)

CAPÍTULO DOCE

La Selección

«Vayamos por partes. La primera, estrictamente oficial, la que recogen las hemerotecas y los amarillentos recortes de periódico de mi compañera. La segunda, la meramente humana, la desconocida, la que para mí, al menos, resulta más interesante porque no tiene desperdicio. Esta última, la dejaremos para un próximo relato.
Por primera vez en este Archipiélago, una jugadora canaria fue llamada para formar parte de una Selección Nacional Absoluta. En este caso, de baloncesto. Desde que se supo la noticia, se mostró muy sorprendida, porque jamás pensó que nadie se fijara en ella para tan alto honor. De hecho, creo que ninguna de nosotras sabía que, en el torneo de la Fase Final de Cáceres, estuviera presente el Seleccionador nacional, José Lluis Cortés. Lo supimos más tarde. Precisamente, cuando se dio la lista de jugadoras elegidas y, entre ellas, estaba Mª del Rosario Borges Velázquez. Charo, para familiares, amigos y compañeros.
En esa relación, además de ella, aparecían Amparo Couchoud, Esperanza Bernáldez, Pepa Senante y Coro Domínguez, por el equipo campeón, el C.R.E.F.F. de Madrid; Carmen Famadas, Joaquina Cot y Olga Martínez, por el Ignis Mataró de Badalona; Piedad Parrondo, por el Medina de Madrid; Mary Carmen Martínez, por el Celta de Vigo; Neus Bartrán, por el Picadero de Barcelona y Francisca Rotger, por el Medina de Baleares.
Fueron convocadas por la Federación Española de Baloncesto, en el Hotel Colón, de Madrid, para concentrarse sólo ocho días antes de celebrar su primer encuentro, un partido amistoso con la Selección Nacional de Australia, que pasaba por la capital del reino, de regreso a su país, después de haber participado en el Campeonato Mundial de aquel año de 1971.
De un total de trece selecciones, fueron octavas en la clasificación final y llevaban juntas, entre los preparativos del torneo y su celebración, más de treinta días. Las nuestras estaban inactivas desde primeros de Mayo, ya que las competiciones de esa temporada habían finalizado.
El partido se celebró el 2 de Junio de ese año, a las 5 de la tarde, en la cancha de baloncesto del Club Natación Canoe, de Madrid, y fue televisado para toda la península, con la duda de si lo sería también para Canarias, hecho que hasta última hora, no se decidió. Al final, sólo se nos retransmitió la segunda parte.
Con este panorama tan desequilibrado ocurrió lo más lógico: se perdió por 21 puntos de diferencia, 32 a 51. Las españolas sólo aguantaron el primer tiempo, quedando en el descanso sólo a 7 de las australianas. El exceso de entrenamientos, tres horas por la mañana y dos por la tarde durante ocho días seguidos, hizo estragos en todas las jugadoras y en la segunda parte hubo debacle total. Además, nuestra internacional paisana tuvo la mala suerte de sufrir una pequeña luxación en el tobillo externo de su pie izquierdo, en una de las sesiones de trabajo y, aún así, hubo de jugar durante bastantes minutos.
Si a ese inconveniente se añadía el rodaje del conjunto visitante, su mayor altura (una media de 1’75 m. frente al 1’60 de las nuestras) y la presión de saber que el partido se televisaba, lo que allí sucedió era de esperar.
En diez días de campeonato mundial, las australianas habían jugado más partidos internacionales que las españolas en toda su trayectoria, iniciada en el año 1963. En esos ocho años, sólo se habían celebrado ¡¡ocho encuentros!!. La única jugadora de las nuestras que había disputado todos esos partidos era Pepa Senante, excelente base de tan sólo 1´59 m. de altura. Amparo Couchoud, Esperanza Bernáldez, Chata Parrondo, Carmen Famadas y Neus Bartrán, lo habían hecho en cinco y las seis restantes seleccionadas lo eran por primera vez. Entre ellas, Charo.
La prensa especializada que cubrió los avatares diarios de aquel sufrido grupo de baloncestistas coincide en la gran entrega y coraje de todas, pero también en lo injusto de exigirles, desde la Federación Nacional, una victoria, en aquellas condiciones, como requisito para acudir a otros compromisos oficiales, resaltando, además, lo desatendido que estaba el deporte femenino de aquellos años para poder afrontar, dignamente, cualquier competición. La más inmediata era el Preeuropeo de 1972 y, como se había advertido, no se acudió por no haberle ganado a Australia. Hasta 1974, no se convocó otra Selección, la que participaría en el Preeuropeo de aquel año y que tuvo lugar en La Coruña.
Si todo lo que aquí les he contado, les parece un dislate y un despropósito difíciles de superar, esperen a la próxima entrada. Verán cómo se puede rizar el rizo bastante más. Menos mal que los tiempos han cambiado y, en esto del deporte, para bien. Afortunadamente.
En la fotografía de la Selección, aparecen, en la fila de arriba y de izquierda a derecha: el entrenador, José Lluis Cortés, Piedad Parrondo, Esperanza Bernáldez, Coro Domínguez, Francisca Rotger, Joaquina Cot, Amparo Couchoud y Begoña, representante de la Sección Femenina y Delegada de la Selección. En la de abajo y en el mismo sentido, Charo Borges, Neus Bartrán, Pepa Senante, Mary Carmen Martínez, Carmen Famadas y Olga Martínez.
Es ésta la segunda foto a color que acompaña a una de mis entradas y no serán las únicas. También en esto de las fotografías, el cambio de los tiempos ha servido para mejorarlas.
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Los otros despropósitos

«Como ya les avancé, estuve muy cerca de la compañera que, por primera vez en Canarias, alcanzó el entorchado de internacional al ser llamada para formar parte de la Selección Nacional de baloncesto femenino. Recuerdo lo desconcertada y entristecida que se encontraba cuando le dieron la noticia, porque creía que no tenía que ser ella la destacada sino su buena compañera Ángeles García. No en balde, cinco años antes, Ángeles había sido campeona de España de la 2ª División, con el legendario Mª Auxiliadora, y en varias fases finales, máxima encestadora de los torneos.
Hoy me cuenta ella misma que, junto a Conchy Ramírez, apareció en algunas listas de preseleccionadas anteriores, pero que nunca cuajaron esas inclusiones. Charo parecía un alma en pena, lamentando continuamente el olvido que, según ella, sufría su excelente compañera. Lo único que la consolaba era pensar que, quizá, lo que hizo que el Sr. Lluis Cortés se fijara en ella, fueran su salto en suspensión y su fuerza física, más potente que la de Ángeles.
Solía decir con insistencia que, para ella, supuso “una inesperada experiencia”, de las que no se olvidan jamás. Por lo sufrida y trabajada y por lo hermosa y enriquecedora. Una de esas vivencias inolvidables que pocos deportistas llegan a disfrutar. Como es natural, su nombre apareció publicado en todos los medios deportivos del país, dentro de la relación de jugadoras seleccionadas, pero, sobre todo, por el insólito y exótico hecho de proceder de unas islas, apenas recordadas en aquellos tiempos por su lejanía e incomunicación. Sólo había un vuelo diario hasta la capital de este país, con la única línea aérea de entonces.
Cuenta mi compañera que, en el acto de recepción que les hizo la Española en el lujoso Salón de convenciones del hotel en que residieron, el entonces presidente, D. Anselmo López (fallecido recientemente) les dirigió unas palabras para advertirles, de manera tajante, que si no se ganaba a Australia, no se participaría en ninguna competición oficial de las existentes en el calendario internacional de la siguiente temporada. Recuerda cómo, aquella amenaza, indignó, en especial, a las jugadoras del C.R.E.F.F., más veteranas y avezadas en temas e historias de selecciones pasadas.
Comentaban con qué desfachatez y cinismo, se pretendía que doce jugadoras procedentes de diversos equipos y rincones de España, después de finalizada la temporada oficial, consiguieran, con sólo unos pocos días de convivencia y trabajo en común, formar un conjunto sólido y compenetrado, que venciera a otro que venía mucho más rodado y preparado y con sus componentes conviviendo y entrenando juntas, más de mes y medio. Pero, antes de presenciar y vivir en sus carnes todo lo anterior, ya comenzaron aquí, en su tierra, los primeros despropósitos.
Charo, en esas fechas, terminaba el último año de sus estudios y cuando comunicó a sus profesores que había sido seleccionada y tenía que desplazarse a la Península para estar en Madrid ocho días, la condición para dejarla marchar fue la de que tenía que dejar presentados, antes de irse, todos los trabajos de fin de carrera, uno por cada materia. Si no lo hacía, el aprobado final corría peligro. Por lo visto, toda su trayectoria anterior no servía de nada ante una situación extraordinaria y puntual.
Nunca faltó a clase en los cinco cursos de su especialidad y siempre llegaba puntualmente. Estaba becada y, para seguir estudiando, necesitaba mantener una beca para la que le exigían aprobar cada curso en Junio y tener una nota media de notable, cosa que siempre consiguió. Regresaba de su corta estancia peninsular el 3 de Junio, sólo había diez alumnos en ese último curso y los profesores no tenían que dar las calificaciones definitivas, antes de la penúltima semana de ese mes. Está claro que nadie le facilitó la ida y que sólo pretendieron ponerle obstáculos. Ella recuerda, con cierta amargura, que ni uno solo de sus profesores la felicitó por aquella distinción.
Para seguir con más detalles disparatados, contarles que cada jugadora seleccionada recibió, de manos de Begoña, la Delegada, un sobre que contenía 800 ptas. como dieta por su estancia en Madrid, 100 por día. Los varones de la Selección masculina absoluta de la misma temporada recibieron 1.200 ptas. ¡¡por día!!, cada uno. Cierto es, que la Delegada de las chicas, cuando salían juntas a dar una vuelta por los alrededores del hotel, no las dejaba pagar los cafés, refrescos o chucherías que consumieran.
Una noche, después del entrenamiento, fueron invitadas, por la Federación, a ver una obra de teatro, “Pato a la naranja”, una divertida comedia inglesa protagonizada, en aquella ocasión, por Arturo Fernández y Rosa Valenti. Seguro que con los chicos ocurrió lo mismo, a pesar de la ostentosa diferencia de sus dietas. Una vez más, ¡viva la discriminación por género!. Actualmente, las dietas están más equiparadas, pero esa discriminación, tristemente, sigue dándose.
Para acabar con esta serie de despropósitos que vivió nuestra compañera, una última perla: el 26 de Marzo de 1974, recibió una carta de la Federación Española de Baloncesto comunicándole que había sido preseleccionada, junto a veintiuna jugadoras más. De ellas, se escogerían dieciséis que se iban a concentrar en La Coruña, desde el 10 hasta el 24 de Abril para elegir a las doce componentes definitivas. Éstas últimas, disputarían el Preeuropeo de aquel entonces, que iba a tener lugar en la mencionada ciudad entre el citado 27 y el 1 de Mayo.
En esa temporada, el equipo de Charo, el OM, por primera vez no quedó Campeón de Canarias y, por lo tanto, no participó en la Fase Final de la categoría, que se celebró del 4 al 7 de Abril, en Madrid. El 6 de Abril, recibió un telegrama de la misma Federación que la convocó en un principio, en el que se le decía que no estaba incluida en la preselección y que no se presentara en la capital del país. Esa decisión tan arbitraria fue tomada sin haberla visto jugar y sin informarse sobre cuál era su estado de forma. Se pueden imaginar el disgusto y la decepción de nuestra baloncestista, ante tamaña injusticia.
Estas historias de la compañera, probablemente, las vivieron otras mujeres deportistas de la época y, sin duda, son muestras del desprecio y poco respeto que entonces había hacia ellas. Sin embargo, lejos de desanimarse, continuaron en la brecha y en la lucha y fueron, probablemente también, el embrión y la referencia para las que, más tarde, tomaron el relevo en condiciones mejoradas y con una mayor consideración hacia su papel de mujeres dedicadas seriamente a la práctica de algún deporte.
Las imágenes de hoy muestran otro momento de la Selección, con Charo en el séptimo lugar, de delante hacia atrás; uno de sus tiros en suspensión, durante un encuentro celebrado en Santa Cruz, y el viejo sobre que contuvo las 800 ptas. de dietas y que ella conserva como una singular anécdota.
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