CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XVI)

CAPÍTULO DIECISÉIS

¡Por primera vez!

Como adelanté en la entrada precedente, el Campeonato de España de la temporada 72-73, II Copa femenina del Generalísimo, se celebró en la provincia de Alicante y, más concretamente, en la ciudad de Alcoy, entre los días 11 y 13 de Mayo. Y para allá, fuimos.Un vuelo nos puso en Madrid y, desde la capital, otro nos llevó a Alicante, donde comimos la peor paella que he probado en mi vida. ¡Quién lo iba a suponer, en la región de los mejores arroces!.

Después de tan mala experiencia gastronómica, una guagua de aquellos tiempos, poco preparada para largos recorridos, nos trasladó hasta Alcoy por una carretera que se nos hizo interminable, sobre todo, por las numerosas curvas que iban apareciendo a medida que ascendía y se acercaba a esta bonita ciudad interior del País Valenciano.

Cuando, por fin, llegamos, nos esperaba un estupendo hotel que hizo que olvidáramos, de inmediato, la larga paliza vivida. Resultó muy acogedor y confortable, con agradables habitaciones y excelentes zonas comunes.

Además, estaba enclavado en pleno centro de la ciudad, en uno de los extremos del Puente de María Cristina, y pudimos darnos buenos paseos para conocer los alrededores. La organización del Campeonato puso a nuestra disposición a una joven muy simpática y amable, que, a modo de las azafatas de eventos actuales, nos acompañó e informó de todo lo que tenía que ver con el éste.

El sistema de competición fue el de rondas eliminatorias y ocho los equipos participantes. Junto al nuestro, acudieron el C.R.E.F.F. de Madrid, el C.R.E.F.F. de Gerona, el Ignis Mataró, el Filomatic Picadero de Barcelona, el Celta de Vigo, el Tabacalera de La Coruña y el Águilas Schweppes de Bilbao.

Nos estrenamos con un hueso durísimo de roer y que ya conocíamos de encuentros pasados: el C.R.E.F.F. madrileño, que nos ganó de 17 puntos, 59-42. La prensa especializada destacó la igualdad que hubo en todos los partidos de la primera vuelta y que, sólo cuando finalizaban, pudieron despegarse los vencedores.

En la segunda jornada, nos tocó otro de los grandes, el Celta de Vigo, que con una combinación defensiva de 1 y caja, (una jugadora en defensa individual y las otras cuatro, en zona), se aseguró el anular a Charo, que fue la que más puntos convirtió en el del día anterior, y, así, vencernos por 60-38.

Llegó el último y ¡por primera vez, con la camiseta del OM, ganamos!. Fue con el Águilas de Bilbao, en una cancha descubierta que había por fuera del Pabellón donde jugamos los demás encuentros y a las 8’30 de la mañana. El resultado fue de 46 a 31 y esos 15 puntos de diferencia nos supieron a gloria divina. Por lo menos, no nos quedamos con el farolillo rojo y ocupamos el séptimo puesto.

La final se disputó entre los dos conjuntos catalanes y se alzó con ella el Filomatic Picadero, que la ganó al Ignis Mataró por 46-39. Nuestro equipo fue distinguido, una vez más, con el Trofeo a la Corrección y la Deportividad.

He leído en más de una de las viejas reseñas de que dispongo, que en las distintas fases finales en las que se nos concedió este premio, sorprendía que, al acabar cada partido que jugábamos, nos uniéramos para formar una piña y corear el nombre del equipo rival.

Hoy, con mucha probabilidad y tristemente, este gesto resultaría insólito e, incluso, algunas hinchadas lo reprobarían. La competición deportiva, a determinados niveles, se ha convertido en un negocio y a muchos jugadores, por desgracia, se les inculca excesiva agresividad y aquello de “al enemigo, ni agua…”.

Para terminar esta crónica del pasado, dejar constancia de que la máxima encestadora de este campeonato fue, de nuevo, nuestra compañera Charo, que vivió una curiosa anécdota, a raíz de esta circunstancia. El trofeo con el que se la distinguió fue un modesto reloj de pulsera y los organizadores se deshacían en disculpas por ello.

Decían no haber previsto que la ganadora pudiera ser una canaria y que ese premio, para nosotras, no sería de mucho valor. Para quienes se pregunten el por qué de este disgusto de la Federación alicantina, les diré que Canarias, por aquellos años, era puerto franco por su privilegiada situación intercontinental, mientras que el territorio peninsular no gozaba de esta condición.

Esto significaba que las mercancías importadas, en general, y los artículos de lujo, en particular, (y un reloj, en la Península, lo era), estaban libres de impuestos, por lo que los habitantes de estas islas teníamos la posibilidad de comprar productos de calidad por precios muy asequibles.

Las imágenes de hoy muestran a todo el grupo, antes del partido con el Águilas; la presentación del encuentro con el C.R.E.F.F. madrileño; un momento de juego, en el encuentro con el conjunto vasco, y a nuestra capitana con el trofeo conseguido. También, la tarjeta de identificación del campeonato y que, muchas, aún guardamos como recuerdo.

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