CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XXIV)

Inesperado fin de trayecto

«Una vez regresamos de Segovia, comenzó el habitual período de vacaciones deportivas, aunque algunas, por puro hobby y siempre que podíamos, nos echábamos algún “dos pa´dos” o un “tres pa´tres”, allí donde hubiera una zona dibujada y un aro. El balón y las ganas siempre los poníamos nosotras. Para no perder la costumbre, vaya.

Llegado Septiembre, Jeromo nos convocó, como siempre, para iniciar la pretemporada y, entre otras actividades propias de la misma, cuando faltaba un mes para el comienzo de la liga, tuvimos un partido con el campeón de Canarias vigente, el Asunción Krystal. Partido que ganamos por 38-27 y del que Jorge L. Carballo, periodista especializado en baloncesto, dijo en su crónica que el Santa Teresa, aunque era muy pronto para vaticinarlo, apuntaba, de nuevo, a ser uno de los “gallitos” de la competición.

El grupo canario contó, en esta temporada de 1975-76, con diez equipos repartidos por las dos provincias, dos menos que en la precedente: U.D. Las Palmas, Medina de Gáldar, Medina de Telde, Medina de Arrecife y Caja Insular de Ahorros de Arucas, por la de Las Palmas; por la de Santa Cruz, Asunción Krystal, Hércules de Icod, Marítimo Atlántico (con las jugadoras y equipo técnico del Medina Santa Cruz de la temporada anterior), Medina Orotava y el nuestro, Medina Santa Teresa. Desaparecieron el Alfa Romeo y el Medina Chaxiraxi.

También ésta fue una temporada irregular para nosotros y añadió, además, un ingrediente al que no estábamos acostumbrados: la violencia y el mal ambiente en algunos momentos de la competición. Como muestra, la suspensión de dos encuentros por agresiones o intentos de agresión a los árbitros. Uno fue en Icod, a falta de dos jornadas para acabar el torneo y, precisamente, en nuestra visita al Hércules. Allí, el colegiado que pitaba, ante la ausencia de fuerza pública a la que recurrir cuando algunos desaprensivos intentaron agredirle, suspendió el partido en el minuto 33 y cuando ganábamos nosotras por 32 a 44.

El segundo incidente se dio en el Medina Orotava-Medina Arrecife que, a medio minuto para terminar y cuando ganaban las visitantes por un 29-30, fue suspendido por invasión del campo de juego, por parte de algunos asistentes que, además, agredieron al árbitro. En ambos casos, el Comité nombrado para estas situaciones falló a favor de los equipos que iban ganando y dio por concluidos ambos partidos.

También fue deplorable el enfrentamiento, más allá de las palabras, de algunos familiares de los componentes del Marítimo Atlántico y del Asunción Krystal, en el encuentro celebrado en la cancha de este último, teniendo que intervenir los colegiados para evitar males mayores.

Otro suceso indeseable fue el ocurrido también en La Orotava. Allí, una de las jugadoras locales, no contenta con una decisión del colegiado de turno, mostró su desacuerdo estrellando, contra el suelo, el reloj de la mesa arbitral.

En la clasificación final, volvió a ser Campeón de Canarias, y esta vez imbatido, el Krystal. Le siguió el Marítimo Atlántico y, en el tercer puesto, nosotras. Perdimos cuatro encuentros: los dos contra el campeón, además de uno con la U.D. Las Palmas y el otro no recuerdo con quien ni dispongo de reseña periodística que lo recoja. La Fase Nacional de Ascenso a la 1ª División se celebró en la ciudad de Cuenca y a ella sólo asistió el primero de cada uno de los grupos que conformaban la 2ª.

La gran noticia fue que el representante canario logró, por fin, el ascenso de categoría, junto con el Medina de San Sebastián. Justo diez años después de que el mítico Mª Auxiliadora fuera brillante Campeón nacional de la 2ª División e injustamente despojado de su derecho a haber ascendido a la División de Honor femenina.

Dos indudables hitos de nuestras baloncestistas y que, sin duda, abrieron camino a que formaciones posteriores también lo lograran. Lógicamente, de lo ocurrido en esta liga final no puedo aportar detalles porque no estuve allí.

Lo que sí puedo decir es que, a nivel personal, después de haberme iniciado en esto del baloncesto catorce años antes y haber competido dura y seriamente durante diez temporadas consecutivas, el balance de todo lo vivido hasta entonces fue muy positivo.

Aún así, los acontecimientos del último año, los del ambiente enrarecido por acciones lamentables, me disgustaron de tal modo que, después de meditarlo mucho, decidí retirarme.

Sentí que aquello iría empeorando y que ya no me iba a encontrar a gusto. Sentí que el respeto y la camaradería que había entre todos los que nos dedicábamos a la noble tarea del deporte, en su estado más puro, comenzaban a perder la exquisitez de la que siempre hicimos gala. Empecé a detectar intereses ajenos a esa pureza.

De fuera nos llegaron intrigas, influencias, envidias y rencillas que nada bueno aportaban a lo que por aquí, de manera más modesta, hacíamos. Percibir todo aquello me llevó a tomar esa decisión. Los malos resultados de los últimos tiempos no me preocupaban, porque es ley de vida el relevo generacional en todos los ámbitos y ya sólo aspiraba a seguir disfrutando de los buenos ratos con los compañeros y amigos, dentro y fuera de las canchas.

Así pues, convencida de que era lo mejor, colgaría mis botas y me concentraría más en mi trabajo y en mi futuro laboral. Quería asegurarlo con una estabilidad mayor de la que tenía y, forzosamente, esta realidad pasaba por la preparación de unas oposiciones.

Este final de trayecto no significa que éste sea mi último post, porque quedan algunos cabos sueltos, dentro de la cronología seguida, y quisiera atarlos en nombre de la más estricta justicia hacia quienes fueron intérpretes de esos cabos.

Por ahora, vayan estas imágenes, para completar el de hoy. Son momentos de juego con el Medina Orotava en nuestra cancha, con el Krystal, en la suya, y una foto de familia con las chicas del Caja Insular de Arucas y otra de nuestro equipo. En éstas últimas, nos acompaña Tino, el marido de Marta, que sustituyó a Jeromo en la dirección de los encuentros que tuvimos en Arucas y en Icod, porque él no pudo asistir.

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