CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XXIX)

Mis nuevas compañeras

«Quiero comenzar esta nueva entrada insistiendo en lo que ya comenté en la de mi fichaje por el Tenerife Krystal: el carácter absolutamente amateur de todas y cada una de las jugadoras que formamos parte de aquel conjunto que, por primera vez en Canarias, participó en una liga de la División de Honor femenina. Y, aunque a las generaciones de hoy les cueste creerlo, así fue, a pesar de intervenir en la competición de más alto nivel en este país.
También quiero dejar constancia de que, a diferencia de lo que viví en mis primeros años en la 2ª División, nunca tuvimos que comprar nada, por nuestra cuenta, de lo que formaba parte del atuendo deportivo. La firma comercial que nos respaldaba, siempre se hizo cargo de todo lo que se necesitara.
Y, ahora, a lo que iba: mi incorporación al flamante y recién ascendido Krystal. Desde el primer día, me sentí muy a gusto y muy bien acogida por todas las jóvenes y nuevas compañeras que, desde la temporada 73-74 y hasta la última, la 75-76, habían sido, además, respetadas y respetuosas rivales.
Fue muy fácil integrarme y, en ningún momento, sentí que aquella circunstancia de rivalidad deportiva interfiriera en la magnífica relación que, desde entonces y hasta hoy mismo, he mantenido con todas y cada una de ellas.
Cada vez que volvemos a encontrarnos, ya sea en la calle, ya en algún acto deportivo o, simplemente, de compras, me alegro muchísimo de volver a verlas y de saber cómo les va en sus vidas. En todas las ocasiones, siempre he sentido que este sentimiento es recíproco.
A la mayor de ellas, yo le llevo seis años de edad y es costumbre, en el ámbito deportivo, distinguir con el apelativo cariñoso de “abuelo” o “abuela” al jugador más viejo o menos joven, para ser justos, de todos los que integran la plantilla. En mi caso, nunca se me dijo y lo que yo me consideré siempre, además de compañera, fue una especie de hermana mayor. De hecho, en situaciones puntuales, creo haber ejercido como tal, para algunas.
Aunque entre las imágenes que reproduzco, está el recorte periodístico que informó, en su tiempo, de todos los que compusimos aquel primer club, quiero hacer la relación de todas las protagonistas y de acuerdo con la foto en la que aparecemos.
En la fila superior y de izquierda a derecha están Mercy Marrero (junior), Mª Luisa Cólogan, Conchy Marrero, Mariajo Paniagua, Marichu Hernández y Catere Falcón; en la fila inferior y en el mismo sentido, Marga Máiquez, Bea Ravina, Merce González, Elena Ramos (junior) y, a mi izquierda, Mele Montes de Oca.
En mis nuevas compañeras reviví mis primeros años con el Mª Auxiliadora, porque, al igual que nosotras, eran estudiantes en su gran mayoría y, como hecho curioso, muchas de ellas, de la carrera de Farmacia. Catere, Marga, Mele y la junior, Pame Pintor, son, desde hace unos cuantos años, estupendas profesionales de esta especialidad.
Bea estudiaba Medicina y hoy la ejerce como médico de empresa, en el ayuntamiento de esta capital. Mª Luisa y Conchy le daban a los idiomas y, en la actualidad, son eficaces Relaciones Públicas de la compañía y organismo, respectivamente, para los que trabajan.
Marichu hacía Enfermería y, desde hace tiempo, desarrolla su vocación en una entidad sanitaria privada. Merce, en Mayo del 78, dejó el baloncesto para casarse y hace años que se trasladó a Zaragoza, donde vive con su familia. Cada vez que puede, se viene a su tierra de siempre. Coincidí con ella después de unas Navidades y me encantó verla tan vital como siempre y deseando estar más tiempo por aquí.
Mª José, (Mariajo o Pepa, para nosotras), también anduvo fuera de nuestras islas por unos años y, desde hace unos cuantos, volvió y hoy la cuento entre mis colegas, porque es profesora de Religión en un Instituto de Enseñanza Secundaria de esta isla.
Mención especial merece otra de las juniors, Mercedes Marrero, (Mercy para nosotras), y hermana de Conchy. Su vocación era el mar y, por ello, se matriculó en la Escuela de Náutica. Eso la convirtió en la primera mujer, en España, que lo hacía y, eso, también la llevó a ser la brillante primera capitana de navío de la Marina Mercante de este país.
Hoy, después de unos cuantos años al mando de barcos que navegaban por esos mares de Dios, es, parangonando al gran poeta gaditano Rafael Alberti, “marina (que no marinera), en tierra” y toda su experiencia y sabiduría las aplica a su responsabilidad dentro de la Capitanía Marítima, dependiente de la Dirección General de la Marina Mercante.
Una vez releído este post, reparo en que lo he convertido en una segunda edición de la entrada que, bajo el título de “Crónica casi rosa”, dediqué a mis antiguas y primeras compañeras en esto del amor al baloncesto.
Lo que más siento de esta vez, es que sólo dispongo de una única fotografía que ilustre las vidas, fuera del deporte, de estas nuevas: la de un momento del enlace de Mercedes y Jaime y al que invitaron a todo el equipo. Se celebró en los jardines del Hotel Parque San Antonio, del Puerto de la Cruz, y lo pasamos de maravilla.
En la imagen, estamos Marga Máiquez y yo, en la iglesia del Sagrado Corazón. Allí se celebró la ceremonia, y, como es lógico, aparecemos con vestidos adecuados al feliz acontecimiento y con un aspecto muy alejado del que lucíamos durante la faena deportiva.
Intenté disponer de alguna imagen más, localizando a alguna de estas antiguas compañeras, pero, en Agosto, ya se sabe: vano intento. No encontré a ninguna. Otra vez será…
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