CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XXVIII)

La Primera me sedujo

«En cuanto decidí mi retirada deportiva, en el mes de Abril de 1976 y según acabó la temporada para nosotros, comencé a organizar mi vida sin baloncesto. Lo primero, fue completar lo que hacía en cada temporada precedente, desde 1971: el curso escolar, allí donde estuviera dando clase. Este año fue en el Colegio Hispano Inglés, donde permanecí desde el 74 hasta el 79.
Después, las merecidas vacaciones y, cuando el curso volviera a rodar, compaginar mi trabajo con la preparación de unas oposiciones para acceder a la enseñanza pública. Pero, como digo en la entrada anterior, se cruzó en mi camino algo que nunca hubiera esperado: la propuesta de formar parte del Asunción Krystal, flamante recién ascendido a la 1ª División femenina y que, a partir de entonces, pasó a llamarse Tenerife Krystal. Voy a contarles lo que ha quedado en mi memoria de cómo ocurrió.
Seguí por la prensa los pasos triunfantes que el Krystal estaba dando en Cuenca, lugar de concentración de todos los campeones de zona, de la 2ª División, para celebrar la Fase de Ascenso. También los de su regreso a la isla y todo el merecido reconocimiento que se hizo a su fantástico logro. 
Fue un hecho deportivo histórico que consiguiera, por primera vez, el tan buscado ascenso por alguno de los equipos femeninos de esa época. Justo a los diez años de habérsele negado al campeonísimo Mª Auxiliadora de los años 60, con trampas y ardides poco limpios y legales.
Avanzado el mes de Junio, algunas personas relacionadas con este deporte, “encantadas” con trasladarme la primicia, me dijeron que este equipo estaba interesado en que yo jugara con ellos. En ningún caso, di por buenos aquellos chismes y rumores. Ya se sabía lo de mi retirada y pensé que no tenía mucho sentido que nadie fuera a interesarse por mi continuidad.
Pero, con gran sorpresa por mi parte, a los pocos días, me llamó a casa Antonia Gimeno, entrenadora del Krystal y antigua compañera de equipo en el OM de la temporada 72-73, para hablar conmigo. Me pidió hacerlo durante un almuerzo, en la antigua Caseta de Madera. Para información de los más jóvenes, decirles que esta especie de casa de comidas, típica de barrios marineros, era exactamente lo que su nombre indica.
Estaba situada en la zona de Los Llanos, hacia el Sur de la capital, próxima a la orilla del mar. Desapareció con el Plan General de Ordenación Urbana de los años 80, que reestructuró todo aquel gran espacio. Si no me equivoco, estaba emplazada muy cerca de lo que hoy ocupan las instalaciones del Parque Marítimo.
Estuvo de moda durante muchos años, a pesar de lo destartalado de su construcción, por el buen pescado que servía. Hoy se la tildaría de chiringuito o de guachinche, como nos gusta decir por estas islas.
Una vez allí, Antonia me dijo que conocía mi intención de retirarme, pero que había hablado con Jeromo sobre las probabilidades que habría de que yo me lo pensase. Tenía especial interés en contar conmigo para formar parte del conjunto que quería que afrontara la primera temporada en la División de Honor. En absoluto, quería considerarme como un refuerzo, sólo como una jugadora más, cuya larga experiencia en el baloncesto, iba a ser un buen ingrediente para lo que ella pretendía.
También estaba buscando una jugadora muy alta, en torno al 1’90 m., que además tuviera el nivel de juego necesario para la categoría a la que se había accedido. Pero, por estas latitudes y en aquellas fechas, no era fácil conseguirlo.
Las posibilidades económicas de los clubs de entonces, no permitían fichar jugadoras peninsulares a las que había que facilitar un domicilio y una manutención que, con jugadoras locales, no era necesario hacer porque vivíamos aquí y seguíamos siendo puras amateurs, aún en la máxima división. Me limité a escucharla y le pedí que me diera unos días para pensármelo.
En ello quedamos y lo que hice, a continuación, fue ver a Jerónimo y a Ángeles y cambiar impresiones con los dos. No en balde, había jugado muchos años con ellos, me conocían muy bien y los consideraba unos excelentes amigos y expertos. Sus opiniones eran de gran valor para mí.
La charla me ayudó mucho a aclarar mis dudas, aunque, tengo que reconocer que, desde el momento en que Antonia me lo planteó, la idea me sedujo en gran medida. Sobre todo, porque siempre me atrajo la curiosidad de saber lo que era jugar en la categoría más alta de este deporte y en una competición que cubría, prácticamente, todo el territorio nacional.
Sopesé el esfuerzo y la dedicación que iba a exigirme y si el calendario previsto era compatible con mi trabajo en el Hispano Inglés. La conclusión, después de valorar todos aquellos datos y argumentos, no se hizo esperar.
Aparqué, de momento, mi intención de convertirme en opositora y volví a ver a Antonia para decirle que aceptaba integrarme en el proyecto que ella quería diseñar, para la primera temporada de su equipo en la máxima división femenina.
En la próxima entrada, recuperaré esos pasos iniciales de lo que iba a ser el comienzo del final de mis muchos años en el deporte activo.
Como complemento gráfico de ésta, sirvan los titulares escaneados de la noticia publicada en los periódicos de entonces, sobre mi fichaje por el Krystal.
Las fotografías del equipo las reservo para los relatos siguientes.
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