CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XXXIX)

Semenova en Tenerife

«Ya adelanté en la entrada de La Copa de Europa que la grandísima, (en todos los aspectos), Semenova estuvo en Tenerife, y concretamente, en la capital de la isla y la provincia, Santa Cruz de Tenerife. Lo hizo formando parte del equipo madrileño de la 1ª División femenina, el Tintoretto, de la ciudad de Getafe, en la autonomía madrileña.
Pero, antes de relatarles el motivo de su presencia en nuestra tierra, me gustaría hacerles un breve resumen del palmarés deportivo de la que es una de las jugadoras más universales y míticas, dentro del baloncesto de las mujeres.
En 1968, con 16 años, comenzó a jugar como profesional de este deporte, en el Dauwaga de la citada capital y, con él, consiguió ser campeona de la liga soviética en diecisiete temporadas y campeona de Europa, de clubs de baloncesto, en once ocasiones; nueve de ellas, consecutivas.
Como es lógico, una jugadora de 2’13 m. de altura, con buena técnica de piernas y un tiro de media y corta distancia, prácticamente infalible, tenía que formar parte de la poderosa Selección nacional de aquella unión de repúblicas.
Con ella, esa Selección estuvo imbatida desde 1968 hasta 1985. Fue Campeona de Europa en diez participaciones consecutivas, Campeona del Mundo, en tres convocatorias y Medalla de Oro de la Olimpiada de Montreal 76 (donde, por primera vez, el baloncesto femenino fue olímpico), y de Moscú 80. Sólo perdió la imbatibilidad en 1986, frente a EE.UU., y en el Mundial celebrado, precisamente, en los países que representaba, la U.R.S.S..
Al año siguiente, 1987, autorizada por el régimen soviético, se convirtió en la primera deportista que pudo jugar en otro equipo distinto de los de su país. Recaló en España al ser fichada por el Tintoretto, por seis millones de pesetas de la época y, como sueldo mensual, se le pagaban unas 53.000 ptas., de las que tenía que entregar a la Unión de Repúblicas la mayor parte de ellas.
La participación de Semenova, en aquella temporada 87-88, hizo que aquel equipo, – hasta entonces firme candidato al descenso de categoría -, llegara a disputar la final de la Liga española al Caixa de Tarragona, que fue quien la ganó, a pesar de Semenova.
En 1988, fichó por el Valenciennes francés y allí se retiró del baloncesto en 1989. En 2007, se convirtió en la primera jugadora, no estadounidense, que la F.I.B.A. incluía en su Salón de la Fama. Tras su larga experiencia profesional, regresó a Letonia, donde forma parte del Comité Olímpico y en donde dirige una escuela de baloncesto para mujeres en peligro de exclusión.
Huelga decir que, si alguno de los amables lectores de esta entrada, tiene interés en conocer más pormenores de la vida y hazañas de esta extraordinaria deportista, sólo tiene que adentrarse en este gran canal de información que es Internet.
Volviendo a la razón de su presencia en nuestra capital, decirles que fue con motivo de celebrar un homenaje a uno de los valedores más ilustres del baloncesto femenino de todo el archipiélago canario, Jerónimo Foronda Monje (q.e.p.d.), y al que la Federación Española de Baloncesto concedió la Medalla de Oro al Mérito Deportivo por su larga y exitosa trayectoria. 
Jeromo, como le llamábamos todos los que tuvimos el placer de conocerlo, llevaba casi cuarenta años dedicado al mundo de la canasta, tanto en la faceta de jugador como en la de entrenador y, de ésta, en especial, del apartado femenino,. En aquellas fechas pasaba por un delicado momento de salud y se consideró oportuno tributarle aquel merecidísimo reconocimiento.
Como era de esperar, se hizo en forma de encuentro amistoso entre conjuntos femeninos de la máxima división. Uno, el Tintoretto, equipo de moda por contar en sus filas con la jugadora más alta del mundo y, el otro, el Cepsa de Tenerife, reforzado por Miriam Henningsen y Elinor Banks, antiguas jugadoras de esta categoría, y por Terry Doerner, Pury M´Bulito y Chari Nuez, componentes del Kerrygold de Las Palmas, también primerdivisionario.
Tuvo lugar el domingo, 27 de Diciembre de 1987, en las instalaciones del Pabellón Municipal de los Deportes, de esta ciudad. El momento más emotivo se produjo cuando el público asistente descubrió que el equipo canario iba a ser dirigido por el propio Jerónimo, ayudado por su buen amigo y colaborador, Gonzalo Mancho.
El resultado fue el lógico: ganó el conjunto visitante. La participación de Semenova era la que marcaba la diferencia y así ocurrió. Jugó durante 32 minutos, encestó 30 puntos, se hizo con nueve rebotes, dio tres asistencias, puso un tapón y sólo cometió una falta personal. El resto de compañeras, obviamente, más compenetradas que el combinado canario, completó un buen partido y, con él, la victoria final.
La feliz jornada para Jerónimo, su familia y sus amigos culminó con una cena en el Círculo de Amistad XII de Enero, con presencia masiva de todos y en la que se le hizo entrega de la Medalla de Oro concedida por la Federación nacional, además de otros muchos recuerdos y distinciones.
Hoy, repasando lo escrito, me sorprendo de todo lo que viví en aquella jornada, porque quién me iba a decir que siete años después de haberla visto en la final de la Copa de Europa, en Barcelona, iba a tener la oportunidad de volver a ver, y estar tan cerca, de la que se consideró, durante más de veinte años, la jugadora más alta y más laureada del mundo.
De todo aquello, fui testigo directo y privilegiado y hoy conservo mucha información periodística que me ha servido para rememorar aquel indudable acontecimiento deportivo con datos precisos y con el recorte y las imágenes de prensa que acompañan a este post.
Cuento, además, con las fotos que tuve ocasión de hacerle a Uliana Semenova, dentro y fuera de la instalación municipal.
En el exterior, coincidí con un momento de la entrevista que le hizo Cristina Alcaine, para Televisión Española, y como muestra de ello, la primera de las fotos en color.
Las restantes, recogen escenas del calentamiento del equipo peninsular, con la enorme Uliana como protagonista central, y una del gran grupo formado por todos los que intervinieron sobre la cancha y fueron artífices de un hecho insólito e histórico en estas latitudes nuestras.
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