CHARO BORGES: La historia de una leyenda de nuestro BA-LON-CES-TO (XXXV)

El caso Marisol Paíno

«Para completar las incidencias más llamativas de la primera vuelta de la temporada 76-77, no quiero pasar por alto lo que precedió a nuestro partido con el Celta de Vigo, líder invicto hasta ese momento y después de celebradas las primeras cinco jornadas.
Pero, antes de continuar, es necesario situarnos en dos jornadas anteriores, en la cuarta. En la que enfrentó al Evax con el Celta, en Barcelona, y, contra todo pronóstico, ganaron las visitantes por un solo punto, 70 a 71. Para las catalanas y, en particular, para su delegada y “propietaria” (como se la consideraba en los mentideros deportivos), fue un mazazo muy difícil de encajar.
Aspiraban a ser ganadoras de la Liga, pero no contaron con que las “celtiñas” se desenvolvieran tan bien y, encima, hubieran fichado a una jugadora, que fue la máxima encestadora del encuentro, y que con sus extraordinarias condiciones físicas y técnicas resultó decisiva para lograr aquella victoria inesperada. Esa jugadora se llamaba, y se llama, Marisol Paíno, nacida en Valladolid, en Agosto de 1955.
Los directivos del Evax, no contentos con aquel resultado, decidieron denunciar al conjunto gallego por alineación indebida, alegando que tenían serias dudas sobre la feminidad de Marisol, dado su poderío físico y su aspecto poco agraciado (¡).
Como “las cosas de palacio, van despacio”, la Federación española de Baloncesto no se pronunció de inmediato y Paíno siguió formando parte legal de la plantilla del Celta. Dos semanas más tarde, pudimos ver, muy de cerca, a quien tanto revuelo estaba causando sin proponérselo.
El equipo gallego se desplazó desde su lugar de origen a nuestra isla, el día anterior al encuentro, es decir, el sábado 27, y tuvieron que hacerlo desde temprano, para enlazar con Madrid y, luego, trasladarse hasta nuestro Aeropuerto de Los Rodeos, único existente en Tenerife, en aquellos tiempos.
No recuerdo si el mismo domingo, día del partido, o al día siguiente, nos enteramos de que el entrenador, Vicente Rodríguez, de camino hacia la salida del aeropuerto, pasó por la única tienda de periódicos y revistas que allí había y vio, con desagradable sorpresa que, de manera destacada, se exponía la revista Don Balón. La portada de aquella edición la ocupaba, en su totalidad, el rostro y el torso, cubierto por un balón de baloncesto, de Marisol Paíno.
Sólo habían dos rótulos muy destacados: en la parte superior, el nombre de la publicación, y en la inferior, ¿HOMBRE O MUJER?. La reacción inmediata de Vicente fue comprar todos los ejemplares que estaban a la venta en ese lugar, para evitar, en lo posible, que la jugadora se enterara de aquel disparate, si llegaba a pasar por aquel sitio.
Por todo lo ocurrido a raíz del partido en Barcelona, la jugadora estaba con su estado de ánimo muy bajo y eso preocupaba a todos los componentes del Celta. Como el grupo se trasladaba directamente al hotel, para retirarse a descansar, dada la hora en que llegaron a la isla, el entrenador debió conseguir su objetivo de preservarla, momentáneamente, del tremendo disgusto.
En cuanto conocí esta historia, compré la revista, para saber de primera mano, cómo se trató un tema tan delicado y, entonces y ahora, me sigue indignando el comportamiento de esta publicación, que nació, única y exclusivamente, para hablar de fútbol. Su fundador, propietario y director, en aquellas fechas, era el polémico periodista José Mª García, conocido por su afán de notoriedad, y del que nunca se supo que el baloncesto le interesara lo más mínimo.
Una llamada a este “señor”, por parte de quien no digería la derrota, poniéndole en antecedentes sobre la denuncia realizada, fue suficiente para que hiciera una excepción y dedicara la portada y gran parte del interior de “su” revista, a especulaciones miserables y sin bases demostradas, que le reportarían pingues beneficios por la venta de aquel número con la exclusiva.
Después de esta historia sobre el lamentable descubrimiento de tan insidioso reportaje, en nuestra isla, quiero completar mi relato de hoy recordando que, como era de esperar, el Celta nos ganó de 20 puntos: 59-79, aunque nuestro verdugo no fue, precisamente, Marisol Paíno, que sólo hizo 5 puntos. Las que sí ejercieron como tales, fueron Ángeles Liboreiro, con 32, y Susana García, con 18, además del resto, que tampoco era manco.
Fue nuestro sexto encuentro en la máxima categoría femenina y se celebró a las 12 h. del domingo, 28 de Noviembre de 1976. El Celta solicitó un arbitraje neutral y pagó el desplazamiento de colegiados castellanos, porque hizo caso a las desagradables declaraciones del entrenador del Mataró, José Mª Solá, en torno al encuentro que perdió con nosotras y que nunca supo aceptar.
Como novedad, tuvimos el debut de nuestra junior más espigada, Mercy Marrero, que se estrenó en la máxima categoría nacional, sustituyendo a su hermana Conchy, que se lesionó en los últimos minutos. A la gran Paíno, la marcamos Merce González Matilla y yo, alternándonos a lo largo del partido. La recuerdo, sobre todo, por su fantástica e imparable suspensión y por su nobleza en el juego.
Se sabía superior y, en ningún momento, abusó de su poderío para apabullarnos.
Sirvan estos recuerdos míos de hoy, como homenaje a esta excelente jugadora que, durante seis temporadas, fue una de las mejores de este país, formando parte de la Selección absoluta en más de una veintena de ocasiones y a la que tanto acosaron, presionaron y humillaron, a pesar de la defensa que siempre hicieron de ella, sus compañeras de equipo y de vestuario.
Tristemente, el baloncesto femenino no estaba exento, en aquellos tiempos, de intereses torticeros a los que tenían sin cuidado la dignidad y los sentimientos de aquellas que podían ser diferentes al resto, pero tan buenas o mejores que ellas. Sé, por algunas informaciones posteriores, publicadas en la prensa de este país, que, harta de tanta persecución, desapareció del ámbito deportivo en 1982 y durante unos años. Después, volvió a él como entrenadora de equipos infantiles y juveniles y creo que en esa tarea continúa.
Las fotos del equipo del Celta y de una entrada a canasta, de Marisol, las he bajado de la Red. La otra es de mi pequeña colección y muestra un momento del partido celebrado en nuestra cancha, en el que Marichu tira al aro, pudiendo verse, a la gran Paíno, atenta a un posible rebote.
En esta ocasión, mi relato se ha alargado más de lo habitual y pido disculpas por ello. Pero, me ha podido el lado humano de esta experiencia tan cercana y he querido detallarla al máximo, para conocimiento de todos y, en especial, de los más jóvenes.
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