«Una función teatral en Murcia: PIZARRA, QUÍMICA Y FE», por Bruno J. Álvarez

«Lo de hoy en Murcia estaba escrito para ser una batalla de fuego contra roca. Se esperaba un rival físico, un vendaval rápido y demoledor, pero el Laguna Tenerife llegó con la lección de vida grabada en el alma».

BRUNO J. ÁLVAREZ.-
«A pesar de las cicatrices de las lesiones —con tres bajas en el frente y ese rubio U-22 que, aun sin jugar, soplaba el aliento del esfuerzo en el banquillo—, la mente de LAKOVIC, flamante técnico canarista, se hizo poesía en la pizarra.
Entre el pensamiento táctico y la inteligencia pura, el técnico tejió una defensa química y coral, un muro invisible que transformó el sufrimiento en una plácida y efectiva sinfonía de canastas.
Los laguneros saltaron al escenario del Palacio de Deportes de Murcia decididos a convertir un coliseo cruel en su propia palestra teatral. Y el prodigio se obró. Ni la gris y adversa actuación del trío arbitral pudo frenar el idilio aurinegro con el aro: un mágico 75% de efectividad desde todas las posiciones elevó al equipo a su madurez celestial por primera vez en lo que va de temporada.
EL SUFRIMIENTO DEL HOGAR (Y UN SOFÁ QUE PIDE CLEMENCIA)
Hay amores que duelen, y ver al Laguna Tenerife “CB Canarias” desde la distancia es un ejercicio no apto para cardíacos. Quienes lo vivimos desde casa, devorados por unos nervios que se escapaban del pecho, sabemos lo que es jugar cada posesión. Casi me cargo el sofá de la tensión, bendiciendo el silencio de que mi esposa estuviera resguardada en su morada habitual, a salvo de los gritos de un loco que empujaba cada balón a través de la pantalla.
Hoy, amigos míos, cada gota de sudor y cada amago de infarto han valido la pena. Este es el Laguna Tenerife que enamora. El que queremos ver repetido de memoria a lo largo de las dos campañas. La batalla doméstica de la ACB y la odisea de la competición europea.
FE, SANTOS Y UN EPÍLOGO DE LEYENDA: 77-90
Para mantener los hilos del destino bien atados, habrá que seguir rezándole al Cristo de La Laguna, implorando esa ayuda espiritual y el manto de los Santos para que las alas aurinegras nos sigan llevando a volar muy alto.
El cierre del partido nos regaló el romance más puro que conoce este deporte: el regreso de los dos bases. Ver a Bruno Fitipaldo y a Marce Huertas compartiendo el parqué en el último cuarto fue una oda al baloncesto de leyenda. Cuatro manos, dos cerebros y un solo corazón dictando el ritmo para sellar el espléndido 77-90 final.
La batalla de Murcia ya es historia. Toca volver a casa, curar las heridas y blindar el Santiago Martín para la cita europea de este próximo miércoles. ¡Ánimos y a seguir soñando!
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