«¡Qué tarde de BALONCESTO ,con mayúsculas!», por Bruno J. Álvarez
El Laguna Tenerife Canarias firmó una de esas gestas épicas que quedan grabadas a fuego en el corazón de los aficionados, asaltando la pista del Skyliners en Frankfurt con un definitivo 94-104 que demuestra que, para este equipo, la palabra «imposible» no existe.
BRUNO J. ÁLVAREZ.-«La primera mitad fue un auténtico calvario. Sobre el parqué alemán solo parecía haber un equipo: el bloque teutón, un titán desatado que castigaba cada posesión con una efectividad demoledora. Al llegar al descanso, los 15 puntos de desventaja pesaban como una losa y el fantasma de una dura derrota planeaba sobre los aurinegros. Cualquiera habría pensado en tirar la toalla y armar las maletas de vuelta a casa de forma sumisa, pero este equipo está hecho de otra pasta.
El paso por los vestuarios obró el milagro. El tercer cuarto no fue un simple periodo de juego; fue un santuario de fe, pundonor y magia pura. De la mano de un Kyle Guy celestial —cuyo talento parece venido de los mismísimos cielos nórdicos como el venerado Cristo de La Laguna—, el partido dio un vuelco de película. Guy se echó el equipo a la espalda con un baloncesto irrepetible, anotando, asistiendo y contagiando una alegría desbordante.
Fue el chispazo que encendió la maquinaria aurinegra. La Laguna Tenerife activó su mítica defensa química, un engranaje coral perfecto donde todos sumaban, controlando el tempo del partido con maestría.
Aquel rodillo descontroló por completo al potente Frankfurt, transformando las dudas del inicio en una exhibición tan hermosa que el propio público alemán acabó rindiéndose en aplausos, puestos en pie ante semejante lección de baloncesto.
Con valentía, amor propio y un corazón gigante, los chicos mantuvieron la renta de diez puntos hasta el bocinazo final, defendiendo la ventaja como auténticos leones.
¡Qué orgullo de equipo! Una victoria que inyecta un espíritu de superación imbatible.
Ahora toca regresar a la isla con la cabeza alta para recibir el próximo domingo al Obradoiro.
A seguir trabajando y soñando en grande, ¡vamos, chicos!

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