Crónica de un despropósito: Improvisación, Alertas y Desamparo para el Aficionado
El deporte profesional de élite a menudo camina sobre la cuerda floja entre el espectáculo y la cordura. Sin embargo, lo vivido este fin de semana en torno al encuentro de la Liga Endesa entre el CB Canarias (La Laguna Tenerife) y el Joventut sobrepasa los límites de la gestión lógica, convirtiendo una jornada de baloncesto en un galimatías de última hora que ha dejado un profundo malestar en la masa social aurinegra.
La prevención inicial: prudencia ante la furia de «Bruna»
Durante las jornadas previas, los servicios meteorológicos estatales y regionales no dejaron lugar a dudas. La llegada de la tormenta «Bruna» activó las peores previsiones, obligando al Cabildo de Tenerife a decretar la máxima alerta meteorológica en la isla.
Ante este escenario de riesgo, la recomendación de los expertos y la decisión inicial de las instituciones insulares fue tajante: cerrar las instalaciones deportivas públicas y prohibir cualquier tipo de actividad para salvaguardar la seguridad de la ciudadanía.
En un ejercicio de prudencia y asumiendo el marco restrictivo, el CB Canarias adoptó la medida correspondiente. El club anunció que el trascendental choque ante el conjunto verdinegro se disputaría a puerta cerrada, evitando así aglomeraciones y desplazamientos innecesarios en plena vigencia de la alerta por el temporal. Los aficionados asumieron la noticia con resignación; la seguridad era lo primero y el sentido común dictaba quedarse en casa.
El giro de guion: de la puerta cerrada al «aviso exprés»
No obstante, el puzle institucional dio un vuelco matutino. A las 11:30 horas de hoy, apenas un suspiro antes del horario previsto inicialmente para el salto inicial, el Cabildo de Tenerife decidió levantar las restricciones y prohibiciones ligadas a la borrasca.
Lejos de valorar la complejidad logística que arrastra un evento de estas características, el CB Canarias reaccionó de manera fulminante. A través de sus perfiles en redes sociales, la entidad comunicaba el cambio radical de planes: las puertas del Pabellón Santiago Martín se abrían al público y el encuentro se retrasaba ligeramente, fijando su inicio para las 12:15 horas.
¿Y el socio de Norte y Sur? La tormenta de la improvisación
La medida, celebrada quizás por los residentes más cercanos al área metropolitana que pudieron improvisar una carrera hacia La Laguna, se convirtió en una trampa insalvable e injusta para una gran parte de los abonados del club. ¿Qué pasa con los aficionados que viven en el Sur o en el Norte de la Isla?
Tenerife es un territorio geográficamente complejo donde las alertas meteorológicas no se disipan por arte de magia en cuestión de minutos. Un abonado residente en municipios como Adeje, Arona, Guía de Isora o, en el extremo opuesto, desde Icod de los Vinos o Buenavista, necesita de una hora o más de trayecto por autopista.
Pretender que estos aficionados —que ya habían asumido ver el partido desde el salón de su casa cumpliendo con las directrices de seguridad— pudieran enterarse del cambio a las 11:30 horas, vestirse, coger el coche y plantarse en el Santiago Martín a las 12:15 horas es, sencillamente, una quimera.
Esta gestión de última hora evidencia una falta de empatía y de planificación a la altura de una competición del calibre de la ACB. Se ha penalizado de forma directa al abonado fiel que vive fuera del área metropolitana, aquél que devora kilómetros cada fin de semana para apoyar a su equipo y que hoy se ha quedado duplex, atónito y con la sensación de ser un aficionado de segunda categoría frente a las decisiones de despacho.
El balón finalmente botará en el Santiago Martín con presencia en las gradas, sí, pero la victoria institucional y organizativa brilló por su ausencia.
La improvisación de última hora ha dejado cicatrices en forma de enfado e indignación entre una afición que merece un respeto organizativo muy superior al demostrado en esta matinal de «Bruna».
¿Y por qué no se atrasó a las 17:00 horas?…
¿Lo ideal? haber levantado las medidas de seguridad a las 9:00 horas de este día al comprobarse que en la zona metropolitana no hay peligro de graves inundaciones y comunicar con la misma rapidez que se ha hecho a las 11:30 horas, que sí se iba a autorizar la presencia de aficionados, teniendo por delante TRES HORAS para organizarse.
Pero no, el Cabildo recibió la notificación de la autoridad responsable del tiempo muy tarde y lo comunicó al CB Canarias de inmediato.
Ya era demasiado tarde. Salvo que ambos clubes y los árbitros hubieran acordado retrasar el choque a las 17:00 horas. Algo complicado por toda la parafernalia que mueve la competición.

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