«Crónica desde la tele de casa: «Entre la fragilidad humana y la GLORIA AURINEGRA», por Bruno J. Álvarez
«El baloncesto, cuando se empeña en jugarse al filo de la navaja, se convierte en un arte profundamente cruel para los que ya peinamos canas».
BRUNO J. ÁLVAREZ.-«Uno siempre busca belleza, tal vez un orden geométrico en el caos, y se encuentra con un trasatlántico verdinegro dispuesto a demolerlo todo.
Los «peñitas» de Badalona jugaron con la lección bien aprendida: físicos, duros y dueños absolutos de un rebote que se nos escapaba como el agua entre los dedos.
Mientras tanto, nuestros muchachos se peleaban con la línea de tiros libres, ese rincón del 4.60 donde el baloncesto se vuelve un examen psicológico. Si la pelota hubiera querido entrar en la primera mitad, el descanso nos habría ahorrado taquicardias, dejándonos ese empate técnico que la justicia poética del destino nos regaló en el tercer cuarto.
Por si el guión no fuera lo bastante enrevesado, el trío de los pitos pareció dejarse seducir por esa vieja e irritante costumbre de la Penya de querer pastorear a los árbitros. Pero el destino olvida a veces de dónde venimos: este CB Canarias nació en el barro humilde de un barrio lagunero. Su filosofía no es la del lujo, sino la de la resistencia; cuanto más sopla el viento en contra, más hondo entierran las zapatillas en el parqué.
Y hablando de vientos y temporales, es imposible separar la pelota de la vida real. Mientras la lluvia arreciaba, la flagrante negligencia de las autoridades con el BRUNA, sí; BRUNA, no, nos recordaba lo desamparados que estamos ante la incompetencia institucional.
Es de pura justicia reclamar que se indemnice a un club que no solo pasea el nombre de La Laguna, sino que carga sobre sus hombros el orgullo de Tenerife, de la vecina Gran Canaria y de todas estas Islas Afortunadas cuando nos toca dar la cara en Europa.
Frente a la desastrosa gestión del mal tiempo, la única respuesta digna fue el calor humano. Gracias, y mil veces gracias, a esos 2.250 aficionados indomables que mandaron al traste el miedo al temporal y se personó a todo gas en el Santiago Martín. Al final, el pueblo salva al pueblo, y la grada salvó a su equipo.
El epílogo nos devolvió la fe. A falta de 16 segundos, cuando el abismo nos miraba de frente, apareció la clásica e innegociable defensa aurinegra.
Un candado de orgullo que congeló esos cuatro puntos de ventaja y nos permitió respirar. Se ganó con la sana y limpia alegría del deber cumplido. Y en el último cuarto… Paz en la tierra y gloria en el cielo. Que falta nos hace.
FILOSOFÍA DE PIZARRA: LA REALIDAD DEL LUNES
El vacío de la existencia (y de la pintura): La alegría del triunfo no debe cegarnos. La baja por tres meses de Ethan Happ nos deja huérfanos bajo el aro. La dirección deportiva no puede meditarlo mucho más: urge fichar un pívot de los grandes, un tipo con plenas garantías que imponga respeto en la pintura. Sin madera en los tableros, la filosofía se derrumba ante los colosos de la ACB.
El eterno retorno: La vida del baloncestista es un viaje sin fin. Mañana lunes, otra vez al avión. Ida y vuelta sin tiempo para saborear las victorias.
Miércoles 11: Cita europea en Lituania para medirnos al rocoso Šiauliai.
Sábado 14: Examen de altura en el frío de los Pirineos contra el MoraBanc Andorra.
De inmediato, sin tiempo de regreso a casa, otro avión rumbo a Turquía.
No queda otra que abrocharse los cinturones, dormir abrazados al balón como quien abraza una verdad sagrada, y seguir trabajando.
Al fin y al cabo, de eso trata vivir.

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