«La belleza del error y la ley del parqué», por Bruno J. Álvarez

«LAGUNA TENERIFE CAE CON HONOR EN UN FINAL ÉPICO»

BRUNO J. ÁLVAREZ.-
«El baloncesto, en su estado más puro, no es un juego apto para corazones débiles; es un ejercicio de supervivencia emocional.
El choque en el Santiago Martín ante el CB Zaragoza fue la prueba irrefutable de que en la cancha, como en la vida, los planes más perfectos se miden ante la implacable realidad del rival.
Los aragoneses llegaron a Tenerife con una obsesión táctica, un dogma ineludible: secar la influencia de TJ Bamba. Sabían que anular esa torre era su única vía hacia la redención.
El Zaragoza traía consigo su propia mitología: la reputación de ser los reyes del triple. Lo demostraron cuando el destino parecía congelado, clavando un misil desde diez metros, obra de Vivas y sobre la bocina del segundo cuarto.
Esa fe ciega en la larga distancia y su descomunal porcentaje de acierto terminaron por dictar sentencia, contrastando con un Laguna Tenerife que vivió un mediodía de sequía desde la línea de tres.
Sin embargo, la grandeza de un equipo no se mide en la comodidad, sino en cómo responde ante la adversidad. El último cuarto fue un monumento a la fe aurinegra.
A falta de 40 segundos, el marcador reflejaba un agónico 80-79. La pizarra se dibujó con precisión, pero el deporte es el arte de lo imprevisto y el último intento no quiso entrar.
Fue ahí donde brotó la genialidad del máximo encestador maño, quien leyó el espacio con la astucia de un veterano, desbordó por la derecha dejando atrás a Bruno Fitipaldo y firmó un canastón magistral para el 80-81 definitivo.
Quedaban ocho décimas para la épica, ocho de pura esperanza en los que Abromaitis buscó la gloria desde el triple, pero el esférico, exhausto, ni siquiera encontró el aro.
El Santiago Martín desalojó sus gradas con el amargo sabor de la decepción en la boca. Es un sentimiento natural, pero en el deporte de élite el luto debe durar lo que tarda en botar el balón por primera vez en el siguiente entrenamiento.
Hay que olvidar el desgaste físico y mental: esto no ha hecho más que empezar y la liga es un maratón, no un esprint. El Zaragoza demostró ser un señor equipo, un rival digno que engrandece la competición.
La derrota no es el final, sino el combustible para el próximo paso. El parqué no da tregua y este mismo miércoles 30 de septiembre el Santiago Martín volverá a vestirse de gala para escribir una página histórica: el debut del club en la Eurocopa.
Toca levantarse, seguir trabajando y recordar quiénes somos».
¡Vamos Canarias! ¡La cabeza alta y el alma intacta!
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