«Otro regalo de EQUIPO a una AFICIÓN que respondió», por Bruno J. Álvarez
«A través de la pantalla del televisor en casa, la distancia física se disolvió por completo. Aunque me separaban kilómetros del parqué, la señal televisiva me transmitió con una nitidez casi mística la energía de un pabellón único: el Santiago Martín no es solo cemento y canastas, es el corazón palpitante de una isla, un santuario donde cada semana miles de almas aurinegras se funden en un solo latido».
BRUNO J. ÁLVAREZ.-«Vivir esta noche europea desde el salón, con los ojos clavados en el televisor, fue presenciar un choque de alta tensión contra el Maxima Roma italiano que nos mantuvo en vilo, para terminar disfrutando en el sofá de una auténtica fiesta de baloncesto que concluyó con un rotundo 96-71.
Desde la distancia, la retransmisión me permitió saborear cada fase de esta montaña rusa emocional. El partido empezó con un monólogo lagunero que me hizo levitar en el asiento: ver al Laguna Tenerife ponerse 17 puntos arriba fue un auténtico regalo para la vista.
Pero el baloncesto, fiel a su filosofía de que la calma nunca es permanente, nos exigió templanza. Cuando los romanos reaccionaron y apretaron el marcador a un angustioso +5, la tensión se sentía en mi propia sala de estar. Vimos pérdidas de balón infantiles y fallos no forzados que dolían al otro lado de la pantalla.
Fue en ese instante de duda, cuando el electrónico susurraba peligro, cuando la afición del pabellón estuvo de diez. A través del televisor se escuchó el rugido ensordecedor de una grada que no flaqueó; se convirtieron en el sexto jugador indiscutible, empujando con el alma y contagiando su aliento cuando las piernas de los jugadores parecían pesar. Su empuje traspasó la pantalla y levantó al equipo.
La recompensa a esa comunión perfecta llegó en un tercer cuarto memorable. El estallido de júbilo en el Santiago Martín al alcanzar los 20 puntos de ventaja fue pura poesía en movimiento, un vendaval que viví con los puños en alto desde casa.
El último período se convirtió en un trámite plácido, saboreando el baloncesto a medio gas de los nuestros e inmunes a los triples desesperados de una Roma ya rendida. Veinticinco puntos de brecha final que me dejaron con el orgullo inflado y una sonrisa de oreja a oreja.
El idilio no se detiene y la televisión ya aguarda la próxima cita en el templo. El domingo 18 de octubre, el Santiago Martín volverá a ser una caldera para recibir al poderoso Baskonia en la liga doméstica.
Nos tocará de nuevo preparar el salón, encender la pantalla y volver a vibrar con una afición que no gana partidos en la estadística, pero sí inspira milagros desde la grada. ¡A seguir por la senda triunfal!

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