«Remangarse y asumir el reto de devolver al GRANCA a la Liga ACB»
El CB GRAN CANARIA tiene desde anoche, día triste para el baloncesto canario, una deuda pendiente con la historia y sus personajes.
AGUSTÍN ARIAS.-
El de comenzar a remangarse para asumir el reto de devolver al equipo a la Liga ACB, esa categoría de élite en la que ha permanecido en los últimos 31 años.
No será nada fácil, pero hoy en día nada lo es. Y tenemos un claro ejemplo de lo que cuesta recuperar el sitio entre los 18 mejores clubes del baloncesto español. Me refiero al Estudiantes de Madrid, actualmente inmerso en otra Final a Cuatro en busca del ansiado regreso. Los de «La Demencia» llevan algunas temporadas intentando volver, pero ni con fichajes de renombre terminan por sellar la hombrada.
El GRANCA, con Sitapha Savané o con el presidente que dicte el Cabildo de Gran Canaria, debe asumir con total ilusión este reto. Nombres ilustres del deporte e la canasta como Pepe Moriana, Lisandro Hernández, Miguel Ángel López «Langue» (qepd) o el periodista Florencio Tejera, se lo merecen. Ellos y otros muchos se han dejado muchos años de sus vidas ayudando para que el baloncesto «canarión» sea una referencia en la Isla.
Rescato de LA PROVINCIA la entrevista que el periodista MARTÍN ALONSO le hizo al gran PEPE MORIANA, con quien me une una gran amistad que nació hace mañana 49 años y seis meses, los que llevo en el periodismo cestista. El titular fue este:
Pepe Moriana, en su despacho del Hotel Fataga, durante la entrevista. / FOTO DE SANTI BLANCO
Moriana: «La historia del Granca es la historia de una lucha constante»
El «padre del CB Claret de Baloncesto» nos deleitaba, hace ya 13 años del reportaje, con palabras impregnadas de sentimiento y devoción por un hobby que se hizo profesión.
Explicaba lo que comenzó siendo un club con unos pocos equipos de formación para convertirse, con el paso de las décadas, en una referencia para el ciudadano grancanario, como lo es también la UD Las Palmas.

La primera pregunta de Martín Alonso fue esta: Si hace cincuenta años le cuentan que el Claret llegaría a la División de Honor, se asentaría en la categoría, estaría entre los cuatro mejores de España y competiría en Europa, ¿se lo hubiera creído?
«Parecerá una pedantería, pero sí me lo hubiera creído porque había un proyecto para hacer eso. Yo llegué a Gran Canaria con 20 años. Había sido jugador y entrenador en Tenerife y cuando decido instalarme aquí, tras cumplir con el servicio militar y ver como está cimentando el proyecto del Claret, me planteo como meta emular al Náutico de Tenerife. Insisto en que puede parecer pedantería, pero ese proyecto está escrito desde hace 50 años. Y al final, como dice el refrán, el que la sigue la consigue. Aunque tardamos bastante [22 años en ascender a la ACB], con tesón, constancia e ilusión se ha logrado», contestó este grancanario de adopción nacido en Garachico.

En la temporada 1984-85, acompañé al Unelco de Tenerife y al Claret de Las Palmas a Burgos, escenario de la Fase de Ascenso a la Primera B. Pepe era el presidente y le pregunté si me prometía hacerse una foto en el centro de la cancha de «El Plantío» comiéndose un plátano de nuestra tierra. Cuando logró matemáticamente una de las dos plazas de ascenso (la otra fue para el anfitrión Tizona), nos miramos, accedimos al parquet y esa foto salió en Jornada Deportiva. Seguro que te acuerdas, querido y admirado Pepe…
«Aquello fue muy bonito, pero hubo mucha lucha. Pasamos de Segunda División a la ACB, con paso previo por Primera B, en un solo año. Creo que eso ningún otro equipo lo ha logrado repetir. En 1984, en Burgos, ascendimos a Primera B. Y justo un año después, en el García San Román, dimos el salto a la ACB. Y no fue nada fácil. Es como el niño que, de repente, en un año, crece diez centímetros. A ese niño le duele todo. A nosotros nos pasó algo similar. Eduardo Portela nunca entendió que un club de colegio estuviera en la ACB. Tuvimos que realizar un gasto enorme sabiendo que teníamos todas las papeletas para descender. Le pedí que nos liberara de la posibilidad de descender el primer año para poder fortalecer nuestra estructura, para apostar fuerte por la cantera. Pero no entendía nuestra filosofía y desde su pedestal, con el apoyo de los clubes grandes, lo que quería era montar su propia Liga fuera de la Federación Española y ser ellos los caciques del baloncesto nacional. ¡Todo eran problemas! Aún no sé como Juan Rodríguez Doreste, alcalde de Las Palmas de Gran Canaria ese año, pudo construir el pabellón de Tamaraceite en seis meses. Así luego pasaba lo que pasaba… Si llovía había goteras, el marcador electrónico se apagaba, se iba la luz. Y José María García, a nivel nacional, no paraba de criticarnos por esos problemas, en lugar de destacar nuestros méritos. En aquel equipo, ojo, jugaban ocho canteranos. La historia del Granca es la historia de una lucha constante. Ahora, desde la distancia, lo veo todo de otra manera. Cuando voy al Centro Insular de Deportes y veo el ambiente que se genera, que el público hace salir a la pista al equipo otra vez después de la grandes victorias, no puedo evitar emocionarme y pensar para mí ¡qué maravilla!».
De CB Claret a CB Gran Canaria
Uno de los momentos claves de su etapa como presidente fue dar al club el nombre de Gran Canaria. ¿Por qué decidieron dar ese paso? ¿No hubo un choque de emociones tras tantos años de lucha como Claret?
«Eso fue precioso. Fue un acto que sirvió para entregar a la Isla todo lo que nos había dado. Fue una especie de sacrificio, pero el colegio ya llevaba mucho tiempo abierto a la ciudad y en el equipo juvenil se había asentado la idea de que podían estar jugadores que no fueran alumnos del centro. A partir de ahí, el trauma fue menor. Para la ocasión se redactó un manifiesto muy bonito que fue aprobado por diferentes entidades deportivas y culturales y por los diferentes colegios profesionales. Todo el mundo aceptó el nombre de CB Gran Canaria. Y el último que firmó ese manifiesto fue Ramón Echarren, el obispo de la Diócesis de Canarias. Allí, un cura del Claret, citó al Evangelio y lo explicó todo de manera fantástica. «Algo tiene que morir para que nazca algo nuevo». Lo recuerdo y me emociono. Aquel manifiesto generó un movimiento positivo alrededor del club y nos permitió crecer pese algún revés previo en ese sentido».
La progresión del club, en las últimas décadas, es incuestionable. ¿Cuál ha sido la clave?
«Hay muchos detalles que marcan esa progresión. La construcción del Centro Insular, que fue otra pelea. La organización de la Copa del Rey en 1990. Apostar decididamente por un entrenador. Joaquín Costa vino para tres meses y al final estuvo nueve años. Y fichar jugadores que, al final, hicieran grupo en el vestuario. Creo que esas dos últimas líneas se han mantenido y marcan la diferencia entre el Granca y el resto».
Anoche, entrevistado por los compañeros periodistas de Las Palmas, PEPE MORIANA se emocionó. Esta vez no era de alegría, todo lo contrario, se había consumado el descenso del GRANCA, de su GRANCA, a la PRIMERA FEB.
El fundador lloró ante la impotencia y el dolor que supone perder un espacio entre la élite. No lograba entender porqué se había llegado a esta triste situación que condena a la afición amarilla a vivir una «travesía por el desierto», alejado de las citas europeas, de la Copa del Rey, de los play-off… De aguardar con ganas el derbi con el CB Canarias…
Por eso y por la pasión que existe en la Isla Redonda por el BA-LON-CES-TO es por lo que deseo, desde esta tribuna de BASKETMANIATERIFE.ES, que el Club construya con buenos mimbres ese nuevo proyecto que permita recuperar la alegría en personas tan emblemáticas como Pepe Moriana, Lisandro Hernández, Florencio Tejera o el que fuera unos de los capitanes del equipo «Pepón» Artíles.

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