«Un epílogo cruel en el Santiago Martín», por Bruno J. Álvarez

«EL CANARIAS MUERE EN LA ORILLA»

«El baloncesto es un juego de rachas, pero también un juez implacable que no entiende de nostalgias. El Santiago Martín vivió una noche de las que dejan cicatriz. Un duelo vibrante que mutó de la euforia a la tragedia helada. El Laguna Tenerife no pudo sostener una renta de 17 puntos y acabó cediendo ante un Joventut de Badalona, que forzó la prórroga (92-92), y congeló la isla en el tiempo extra (98-100).
La primera mitad fue un monumento al baloncesto ofensivo. El culpable del delirio local tuvo pasaporte australiano: Patty Mills firmó una primera parte antológica, destrozando el aro verdinegro con 21 puntos de pura electricidad. Sin embargo, los genios asustan, y el Joventut reaccionó en el intermedio. La segunda mitad fue un calvario para el de Canberra, sometido a un marcaje asfixiante y riguroso que cortó las vías de evacuación tinerfeñas.
En los momentos de zozobra es cuando los generales se vuelven imprescindibles. La baja de Marcelinho Huertas, ausente por problemas musculares, pesó como una losa de hormigón en la dirección de juego. El Canarias necesitaba alma y veteranía para templar el balón, y la ausencia del brasileño dolió en cada posesión decisiva.
El desgaste físico penalizó cruelmente a Bruno Fitipaldo. El base uruguayo, visiblemente mermado desde el tercer cuarto, vació el tanque de gasolina por el equipo. La épica no siempre premia el esfuerzo: el destino le guardó la carta más amarga al errar tiros libres consecutivos que habrían cambiado el guión del partido.
La prórroga nació con dominio aurinegro, pero el Joventut de Badalona olió la sangre y la fatiga local. Emergió entonces la figura de un Ricky imperial en la pintura, secundado por un Parker demoledor que ejecutó cada balón dividido. El Canarias peleó contra el rival y contra su propio cuerpo, pero el marcador final dictó sentencia: 98-100.
La realidad es testaruda. Este trágico tramo final de temporada, devorado por una plaga de lesiones y enfermedades en el peor momento posible, aleja casi definitivamente el sueño de los playoffs.
La penúltima batalla liguera será en la cancha de un Coviran Granada ya descendido. Una trampa peligrosa: los nazaríes buscarán despedirse de su afición con los máximos honores, convirtiendo el partido en un territorio hostil para los laguneros.
Queda el orgullo, queda la herida y queda el grito de resistencia de una afición que no se rinde y que volverá el día del último partido al Santiago Martín para seguir siendo el sexto jugador. Igual ganar a Bilbao Basket nos pueda dejar un premio.
¡Vamos, Canarias!
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