«Un parcial adverso de 9-0 cayó como una losa metafísica», por Bruno J- Álvarez
El baloncesto, a veces, no es más que un espejo de la condición humana: una eterna lucha entre el orden del espíritu y la fuerza bruta de la materia.
BRUNO J. ÁLVAREZ-«El parqué de Londres, contemplado a través de la fría pantalla del televisor, se convirtió esta noche en el escenario de un choque filosófico inevitable. Sobre las maderas inglesas se midieron dos identidades, dos formas de entender el tiempo y la existencia: el London Lions y nuestro CB Canarias, el eterno Laguna Tenerife de 1939.
El destino del partido se selló en el ecuador del duelo, en ese tercer cuarto donde los hombres se diferencian de las máquinas. Un parcial adverso de 9-0 cayó sobre los hombros laguneros como una losa metafísica. A partir de ahí, los británicos se transformaron en jabatos con genoma de la NBA. Su juego devino en pura potencia física: titanes en el rebote, murallas insalvables en el uno contra uno y veloces felinos a la contra.
El Canarias luchó, pues la resistencia es el único deber de los humildes, pero la presión asfixiante de los locales nubló la mente tinerfeña, provocando pérdidas y faltas desesperadas. Desde la línea de personal, los Lions rozaron la perfección absoluta; desde la línea de tres, sus lanzamientos entraban limpios, hirientes y certeros como obuses teledirigidos. El marcador final, un 89-77 favorable a los anglosajones, dictó una sentencia inapelable.
A la superioridad atlética se sumó la sempiterna ceguera del poder. El trío arbitral, carente de la preparación que exige la alta competición, revivió viejos fantasmas del pasado, aquellos que ya se sufrieron en la Basketball Champions League. Pero no hay que buscar excusas en el silbato cuando la fortuna también nos da la espalda.
El baloncesto es un juego de milímetros y dinámicas: si los tiros libres hubiesen entrado en la primera mitad, el Canarias se habría marchado al descanso con una ventaja psicológica capaz de adormecer el ímpetu inglés. No fue así. La canasta se encogió y el colapso exterior en el segundo tiempo, con un doloroso e insólito 5% en triples, terminó por desahuciar cualquier intento de rebelión.
Hay, sin embargo, una victoria moral en la genealogía de este juego. Los London Lions, nacidos en 1949, han sido absorbidos recientemente por el capital de una multinacional, diseñando un artefacto a imagen y semejanza del negocio norteamericano.
Frente a ellos, el CB Canarias, fundado diez años antes, en el umbral de 1939, representa la aristocracia de los plebeyos. Nosotros jugamos desde la trinchera de la humildad, de la paciencia y del arraigo. Ellos tienen los millones; nosotros, la memoria.
No hay espacio para el lamento en el alma del trabajador. El equipo regresa a la isla con la satisfacción de haber competido y con la certeza de que el único camino es seguir esculpiendo el bloque en el gimnasio.
El calendario, como la vida, no concede tregua: el próximo domingo aguarda la visita a un crecido UCAN de Murcia, que llega tras tumbar al mismísimo Barcelona.
Otra batalla, otro examen para el espíritu».
Vamos Canarias.

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