Comprar equipajes en DEPORTES LOVERO y pagarlos a plazos

Mi buen amigo Jorge Lecuona, quien puede convertirse este verano en directivo de la Sección de Baloncesto del RC Náutico de Tenerife, me regala esta «reliquia» deportiva de los años sesenta. Es la publicidad de la tienda deportiva sita en Imeldo Serís, nº 29, DEPORTES LOVERO.

Su propietario, el recordado Manuel Lovero Morro (qepd) se convirtió en la casa de los clubes deportivas de la Isla a la hora de comprar los equipajes y demás materiales deportivos.

Tal fue la generosidad de don Manuel, de ahí su éxito de ventas, que facilitaba a los directivos adquirir los equipajes e ir pagándolos a cómodos plazos mensuales.

Recuerdo, como anécdota, que en los setenta, formando parte del equipo AAB (Asociación Amigos Baloncesto Aguere) fuimos con Abel Bonareu (primero por la izquierda, agachado) a DEPORTES LOVERO y le dijimos que no disponíamos de la cantidad total a pagar, si nos daba crédito. Nos miró a las caras y nos dijo: «Se nota que son buenas personas; páguenme como y cuando quieran». Antes de finalizar la temporada me pasé por la tienda para cerrar la deuda. Desde aquel momento siempre aconsejé a los clubes que fueran allí a comprar sus equipajes, aunque también me consta que algunos le dieron el tranque.

Manuel, un patriarca con un carácter muy especial

Manuel Lovero fue el único que sobrevivió de los cinco hijos que tuvo Rosario Morro, una gaditana del Puerto de Santa María «de armas tomar» como dice su nieta porque «ella era la auténtica matriarca». Quedó viuda muy joven del padre de Manuel, andaluz también, de Jerez, que la siguió a la isla cuando ella vino con 12 años. Ya se escribían en la Península y seguían haciéndolo cuando él fue movilizado para la Guerra de Cuba.

No volvió a su tierra y se quedó en Santa Cruz. Manuel Lovero Morro nació el 11, del 11 de 1911. Fue duro crecer como hijo único y salir adelante, «pero mi padre tenía carácter», recuerda Tata. «Todo estaba en su cabeza, era increíble. Por ejemplo, con dos palabras clave, Sarmientos y Pulgarcito, lo calculaba todo, no le hacían falta máquinas. Tal vez no se supo adaptar a los nuevos tiempos».

Con 82 años, en 1993, falleció. Era aún la época de las vacas gordas. Antes, en 1988, habían adquirido el edificio del número 47. El logo de Lovero, la enorme antorcha olímpica con los aros, reinaba en el sector. Víctor, que ha vivido unos días «muy duros porque es toda una vida aquí», lleva el comercio en la sangre. Trabajó desde niño en el transporte de frutas, aprendió contabilidad y gestión de empresas y a mitad de los 60 entró a trabajar en Lovero.

Don Víctor Suárez, acompañado de empresarios de Santa Cruz y los políticos Bermúdez y Arteaga

Con el paso de los años, ya en los ochenta, Manuel Lovero cedió el mando a VÍCTOR SUÁREZ, su mano derecha, quien asumió el relevo conservando su amor por el deporte y ayuda con los clubes tinerfeños.

En el año 2015, hace apenas nueve, declaró:

«El cierre de DEPORTES LOVERO, medio siglo después de su apertura, se debe a la dura situación por la que está atravesando la mayoría de los comercios de Santa Cruz». Cabe recordar que la tienda se trasladó al edificio colindante, también propiedad de la sociedad; sin embargo, Lovero se ha visto abocado al cierre, uniéndose así a la no breve lista de empresas que se han despedido en este inicio de 2015.

 

 

 

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